viernes, 3 de agosto de 2018

SPITZBERGEN: EL GUARDIÁN DEL ÁRTICO. En Súper-8 4K de Kodak. Cuaderno de bitácora número 12.

UNA ISLA EN EL PASO DE LAS CORRIENTES TRAICIONERAS.
El non plus ultra de esta expedición Kodak al Ártico se encuentra a 80 º 1´de latitud, longitud 12 º 43´E: la isla Moffen, el punto mas al norte de Spitzbergen. Desde aquí, sólo quedan 600 millas náuticas (unos 1.111 kilómetros) de océano frígido y banquisa hasta el Polo Norte. 
Si Spitzbergen destaca por sus costas abruptas que descienden en vertical desde altas cúspides hasta profundidades asombrosas (de hecho, el archipiélago fue bautizado así por su descubridor, el holandés William Barentsz, en 1596, dado que en su idioma significa “montañas -bergen- puntiagudas -spits--”), en este contexto, la isla Moffen es una excepcionalidad geológica: casi plana, ¡con sólo dos metros de altura sobre el nivel del mar!,  rodeada de aguas poco profundas pero de velocísimas y traicioneras corrientes, en el paso acuático que la separa de Spitzbergen. 
Su forma también es peculiar, como la de una especie de mejillón alargado; cuenta con una laguna central,  morada, según la leyenda de antiguos balleneros, de una criatura luciferina.  
La singularidad de Moffen se debe a que la isla ha sido formada, precisamente, ¡¡¡por las corrientes marinas!!! Si estas se modificasen, como consecuencia del cambio climático, la isla desaparecería, pues no es roca sólida, sino, simplemente, una acumulación de arena y grava.
UN PEQUEÑO SANTUARIO PARA LA SALVACIÓN.
La morsa es un mamífero adaptado a la vida acuática, como la ballena, con ejemplares que pueden sobrepasar los mil kilos de peso y que se atrevan a plantar cara con éxito a descomunales osos polares. Es, la morsa,  un pinnípedo longevo, que llega a vivir cuarenta años.
Mientras su caza, desde el principio de los tiempos,  estuvo limitada a los esquimales (ahora llamados innuits en América o sami en Europa), la supervivencia de esta especie no corría peligro. El problema, para la morsa, llegó con la caza intensiva a la que la sometieron --sobre todo los europeos-- desde el siglo XVI hasta mediados de los años cincuenta del pasado siglo: codiciadas especialmente por el marfil de sus grandes colmillos y su piel, de apreciada calidad, estuvieron a punto de extinguirse; sólo en la isla Baffin, entre 1935 y 1931, se cazaron alrededor de 175.000 morsas.
En 1952, el gobierno noruego estableció la protección de este mamífero e hizo de la isla Moffen su santuario, integrándola dentro del parque natural Nordvest. Actualmente, en la isla Moffen, viven entre 200 y 500 morsas. En todo el archipiélago de Spitzbergen y el cercano de Francisco José (bajo soberanía rusa), según Audun Rikdarsen, podrían contabilizarse unos 2.000 ejemplares. La cantidad exacta es difícil de saber, ya que su seguimiento debe de hacerse mediante satélite puesto que, si se las anestesia para colocarles un localizador electrónico, como a las osas, muchas morsas no son capaces de sobrevivir al fármaco.
RUSIA ¡¡¡CULPABLE!!!
Si bien no hay duda de que la población de morsas va recuperándose, el número no se incrementa al ritmo deseado,  posiblemente debido a la contaminación de las aguas que se deja notar incluso en estas latitudes tan septentrionales: son letales los vertidos, sobre todo de hidrocarburos rusos,  en el Mar de Barents. De poco vale que la Unión Europea, y Noruega, cumplan requisitos medioambientales estrictos, cuando, al lado,  otros países siguen contaminando como si no hubiera un mañana. Como nos dijo el explorador y fotografo Svein Wik, antes un ingeniero de computación, "ya no es solo el calentamiento globlal, sino que directamente estamos destruyendo el planeta". Y no tenemos otro. 

Aunque la isla Moffen es diminuta (apenas dos kilómetros por tres), resulta fascinante saber que, a bordo del “Malmö”, estamos frente a un lugar vital y único para la salvación de las morsas. Después de la práctica totalidad de la extinción de esta especie en Spitzbergen, el parque natural de la isla Moffen ha desempeñado un papel fundamental en su restablecimiento. 
Este santuario aislado reúne condiciones idóneas pues, como las aguas que rodean la isla son extremadamente poco profundas, ello hace posible que las morsas consigan alimento muy fácilmente, amén de ser una protección contra la fuerza del oleaje durante las tempestades árticas.
En siglos pasados, se establecieron en Moffen un par de asentamientos balleneros temporales: los cadáveres de alguno de aquellos intrépidos marinos, incorruptos, se encuentran semiocultos por grava: según la tradición, murieron del terror provocado por el monstruo de la laguna helada del interior de la isla, una especie de colosal oso semi humano, de fulminante mirada diabólica.  Sobrecoge pensar en lo que debieron pasar aquellos valerosos balleneros, alguno de ellos vascos con marineros gallegos, cuando levantaban un campamento, con los medios de entonces, en esta lengua de grava y hielo que es Moffen, sin promontorios que pudieran servirles de parapetos del omnipresente e infernal viento.
Durante la temporada estival, entre el 15 de mayo y el 15 de septiembre, nadie puede acercarse a la isla Moffen a menos de 300 metros por vía marítima, o 500 metros desde el aire. Pero, como hoy domingo, es ¡todavía 6 de mayo!, con las dos zodiacs del “Malmö” nos adentramos a menos de esa distancia de seguridad.
Resulta menester aclarar que desembarcar en la isla Moffen se encuentra rigurosamente prohibido; la gobernadora de Svalbard no necesita, sin embargo, establecer ningún servicio de vigilancia: basta con el temor al monstruo de la laguna, que es ¡capaz de extraer el alma de un cuerpo sólo con sostener la mirada de sus satánicos negros ojos! 
Este santuario para las morsas también lo visitan osos polares y muchas especies de aves marinas, alguna de ellas igualmente en proceso de recuperación, como las gaviotas de Sabine.  
Tras tantos días en navegación, o caminando sobre la superficie helada del ártico, por fin se abría una emoción nueva: ¡surcar aguas polares en zodiacs!
PROTOCOLO PARA EMBARCAR EN LAS ZODIACS POLARES.
Como ya se ha explicado, en entradas anteriores, en el Ártico todo cuesta mucho mas esfuerzo que en cualquier otra parte del mundo (a excepción de la Antártida): al cansancio acumulado tras tanto físico como psíquico (resulta desconcertante pasar jornada tras jornada sin que se haga de noche), se añade que simplemente salir  a la cubierta del “Malmö” exige un ritual mas severo que el que debe de seguir un obispo el día de su ordenación: tres capas de ropa interior, vestimenta exterior, traje estanco polar, gorras, guantes, mitones y demás parafernalia. Además, para bajar a las zodiacs, o para desembarcar, botas de goma polares hasta casi la rodilla. A todo ello, hay que añadir el equipamiento propio del trabajo que cada uno debía desempeñar.
El material fotográfico, o cinematográfico, se descarga primero, en mochilas impermeables.  El problema es que, con semejante cantidad de ropa, uno se siente como un astronauta, con la salvedad de que el suelo de la Luna es firme, mientras que aquí, frente a la isla Moffen, teníamos  que bajar de un rompehielos bamboleante  a una zodiac que parecía moverse al ritmo de ¡una tarantela!
En un bolsillo, en este primer viaje en zodiac,  una pequeña Eumig Naútica, la famosa cámara que se puede mojar y sumergir sin necesidad de una carcasa de protección. La cámara fetén, sin embargo,  la Bauer A512 con óptica Schneider y revestimiento T, en esta primera jornada en la zodiac, no la llegué a sacar de su bolsa impermeable: luego me arrepentiría pero, en aquel momento, sin ayuda para mi misión, y acongojado por la letanía del viento en un mar nada amigable, y un ente diabólico en las inmediaciones,  me pareció lo mas prudente.
LAS ZODIACS ENFRENTADAS A LA CORRIENTE.
Resulta curioso el efecto de la corriente del Golfo: la jornada de hoy, domingo seis de mayo, pese a encontrarnos en el punto mas al norte de Spitzbergen, la temperatura, con un agradable -1 grado Celsius, no era tan baja como, por ejemplo, en el Estrecho de los Témpanos Fragorosos o en el fiordo Hornsund, situados mucho mas al sur. La explicación estriba en que, en esos fiordos, y otros en los que navegaremos en días posteriores, no llega a entrar la salvadora corriente del Golfo.
Bajo las órdenes del segundo oficial del “Malmö”, Bjorn Berg, el maquinista Olle Eriksson, el grumete Lars Mattsson y la auxiliar Julia Lindberg,  la grúa de proa desembarcó las dos zodiacs de exploración en medio de una lluvia torrencial que, menos mal que escampó, pues aquí, en el Ártico, el explorador tiene que estar dispuesto a resistir cualquier inclemencia, incluso a costa de sacrificar el equipamiento. 
En el caso de mi trabajo, empero, las cambiantes y muy diversas circunstancias ambientales (bruscas oscilaciones de temperatura, golpes, humedad…), formaban parte del experimento de Kodak: ¿afectarían tales cambios a la rigidez de las distintas emulsiones, incluyendo la nueva Ektachrome en su versión experimental beta? ¿Se verían afectados mecánicamente los cartuchos de Súper-8, con su diabólico diseño coaxial? Ya tocará el momento de aclararlo, pero adelanto que, incluso durante las filmaciones a temperaturas inferiores a -20 Celsius, o bajo una tormenta de nieve, los cartuchos de Súper-8 funcionaron perfectamente, algo que, en cine, ¡no se tiene la certeza de que haya ocurrido hasta verificar el material revelado!, pues incluso con videoasistencia es imposible detectar la presencia de un pelo en ventanilla de cámara o una partícula milimétrica que esté rayando la emulsión (algo mas grave con película negativa que con inversible ya que, al positivarla, la raya resultante, en lugar de ser negra, ¡es de un molesto blanco!); por no saber, en Súper-8, a diferencia de lo que ocurre con otros tipos de carga, ¡el camarógrafo ignora si la película está avanzando correctamente! (algún día, en la bitácora, escribiremos sobre la cantidad de cartuchos que llegan sin exponer a los laboratorios). La Eumig Nautica iba cargada con película negativa Kodak Vision 50, que expuse a 40 ASA; el obturador de este modelo es fijo a 180 grados: habría preferido uno de 150 pero pero no hay otra opción.
La isla de Moffen se encuentra ubicada justo enfrente de las montañas de la Tierra de Andrée, que separan los fiordos de Woodfjorden y de Wijdefjorden, éste último, el mas largo de Spitzbergen
El nombre de de Andrée hace honor al pionero sueco de la exploración ártica S.A. Andrée, quien intentó conquistar el Polo Norte en un globo en julio de 1897. Desafortunadamente, su aerostato cayó sobre la banquisa ártica. Tras caminar unos tres meses sobre el hielo, los tres integrantes de la expedición fallecieron: sus cuerpos no fueron encontrados hasta 1930.
Aunque los fiordos suelen tener aguas muy profundas, como ya se ha explicado, ocurre todo lo contrario en la costa de la isla Moffen. Por ello, el rompehielos “Malmö” permaneció anclado a una distancia prudencial.
Esta gran lengua de agua que separa Moffen de la abrupta costa de la Tierra de Andrée presenta un peligro adicional al de tiempo impredecible: con el cambio de marea, se generan turbulencias peligrosísimas. Punto y aparte lo constituye el viento que, en medio de la desolación circundante, su mero sonido atemorizaba,  pues parece la letanía de un alma en pena.
Caer al agua aquí, en las orillas de Moffen, significaría el final incluso para un buen nadador, con corrientes heladas que, dependiendo de la fase de las mareas, alcanzan los 15 nudos (sobre 30 kilómetros por hora); entre los cambios de marea, las turbulencias -azuzadas por el viento-, estaría uno mas tranquilo en una nave mas rígida, especialmente considerando que en cualquier momento pueden formarse remolinos hasta de diez metros de ancho.
El estado del mar no permitía, a bordo de las zodiacs, ninguna virguería: fotografíar, usando velocidades de obturación, resulta problemático aunque factible: en cine, sin embargo, había atravesado uno el filo del lo imposible. Tuvimos la suerte, sin embargo, de acercarnos lo suficiente para observar a una pareja de morsas en danza nupcial. ¡¡¡Qué suerte, Dios mío!!!, pues la época de apareamiento va desde enero hasta abril. Poder ver (y filmar) este espectacular cortejo acuático en los primeros días de mayo es un privilegio poco habitual. 
Según nos explicó Audun, aunque los machos se encuentran sexualmente desarrollados alrededor de los 7 años, no optan al cortejo de hembras hasta los catorce o quince. Por su  parte, ellas se dejan seducir alrededor de los diez años.
Cuando la fuerza del viento se incrementó, y en vista de que el mar se encrespaba aun más, Audun y Svein optaron por regresar a la seguridad del “Malmö”: era mucho lo que nos quedaba por descubrir en este día perpetuo, sin transición nocturna entre jornadas, para seguir corriendo riesgos en Moffen.  En ese momento no lo sabíamos, pero en pocas horas, en otra latitud, ¡mi zodiac se iba a quedar atascada en la banquisa a cuatro o cinco metros de una osa polar hambrienta! 

Si es nuevo en esta bitácora, no se olvide de leer las inauditas informaciones publicadas en las entradas anteriores: 
Capítulo 1:  https://mimundoensuper-8.blogspot.com.es/2018/05/spitzbergen-el-guardian-del-artico-en.html
Capítulo 3 https://mimundoensuper-8.blogspot.com/2018/06/spitzbergen-el-guardian-del-artico-en.html  
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