En los proyectores Fumeo de 16 mm, las zapatas (o presores) de los rodillos dentados, denominados guards en inglés, fueron siempre un elemento casi filosófico: la propia fábrica los consideraba innecesarios y, por ello, los ofrecía como accesorio opcional (aunque todos mis modelos de xenón de 16 mm los incorporan).
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| Mis dedos señalan los dos presores o zapatas de cada rueda dentada en el Fumeo 9119, ya restaurado |
En el caso concreto del Súper-8, Fumeo sí decidió montarlas siempre de origen. Ahora bien, su utilidad real es limitada: solo resultan verdaderamente necesarias cuando se proyecta en marcha atrás o cuando se trabaja con película muy contraída por el paso del tiempo o por malas condiciones de conservación. En proyección normal, con película en buen estado, suelo proyectar con las zapatas abiertas.
Estas zapatas están fabricadas en aluminio y protegidas por una capa de pintura. En el Fumeo 9119 que estamos restaurando (por puro placer mecánico, sin otra finalidad que devolverle su dignidad original), nos encontramos con un problema serio: los guards estaban en un estado lamentable, profundamente dañados por la oxidación del aluminio.
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| ¡Nunca ví una zapata tan dañada! |
No sabemos con certeza el origen del mal. Podría tratarse de una partida defectuosa de fundición (quizá el aluminio no alcanzó la temperatura adecuada en el proceso) o, más sencillamente, de décadas de conservación deficiente en un ambiente húmedo. El resultado, en cualquier caso, es claro: superficies rugosas, material debilitado y un aspecto infame, incompatible con una máquina concebida con la solidez industrial de Fumeo.
El objetivo es devolver estos presores o zapatas de aluminio a su estado original, tanto funcional como estético, y hacerlo además con un método reproducible, que pueda servir para futuras restauraciones. Para ello vamos a aplicar una fórmula que le pasó a Álex un ingeniero de nuestras Fuerzas Armadas, pensada precisamente para la recuperación de piezas de aluminio degradadas por oxidación.
No se trata solo de limpiar, sino de rescatar una pieza mecánica olvidada, respetando su geometría, su función y su espíritu original. Esta es, al fin y al cabo, nuestra filosofía al restaurar todo lo relacionado con el cine fotoquímico: no basta con que funcione, tiene que volver a ser lo que fue. Porque incluso las piezas que parecen prescindibles, como estos humildes presores de rodillos dentados, forman parte de una concepción industrial en la que nada se hacía al azar y todo estaba pensado para durar.
Vayan comprando vinagre blanco, papel de lija de grano 400, 600 y 1000, Aladdin y WD-40: serán los ingredientes necesarios para poner en práctica la valiosa información que se facilitará en la segunda parte de este artículo.
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| Restauración casi terminada |



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