Tras la introducción de la entrada precedente, toca ahora aplicar la fórmula que le fue revelada a Álex por un ingeniero de nuestras Fuerzas Armadas que, en sus ratos libres, se dedica a restaurar aparatos militares obsoletos, en una mezcla de saber empírico, paciencia monástica y liturgia química que funciona sorprendentemente bien. Esta receta para el aluminio herido debe seguirse con exactitud casi bíblica.
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| Zapata sin restauración |
EL BAÑO PURIFICADOR.
Las zapatas o presores de aluminio, una vez desmontadas del proyector de cine Fumeo 9119, se sumergen en vinagre blanco no seis minutos, ni ocho, sino exactamente siete.
Ni uno más ni uno menos, pues la precisión es importante para atacar la oxidación del aluminio sin dañar la física de la pieza.
Siete minutos, siete, como los días de la Creación.
Tras ese tiempo, la superficie comienza a mostrar signos claros de que la costra de óxido ha sido debilitada.
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| Zapata casi restaurada |
EL DESPRENDIMIENTO DEL PECADO.
Inmediatamente después, se procede al frotado con cepillo, agua y jabón de lavavajillas marca Mistol.
En este paso se eliminan los restos de óxido reblandecido por el vinagre, y la pieza empieza a revelar su auténtica naturaleza metálica bajo la pátina de abandono.
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| Zapata casi restaurada |
LA TRIPLE LIJA (AL AGUA).
Seguidamente llega el trabajo de finura ucraniana: la lija con la zapata mojada, lo que se denomina “lija al agua”. En un primer paso se utiliza lija de grano 400 al agua para eliminar irregularidades profundas. En un segundo paso se emplea lija de grano 600 al agua para refinar la superficie. En el paso final, con lija de grano 1000 al agua, se borran los últimos rastros de arañazos visibles. Cada fase del lijado es un proceso lento, casi meditativo, en el que cada pasada devuelve al aluminio su dignidad original.
LAVADO Y SECADO.
A continuación, una nueva limpieza con agua y jabón, tras lo cual se seca cuidadosamente la zapata con un paño limpio.
En este punto, el presor ya no parece un resto arqueológico, sino que vuelve a revelarse como una auténtica pieza mecánica, incluso mejor que cuando salió de Via Teocrito, 47, en Milán.
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| Sidol: imprescindible |
EL BRILLO FINAL.
Se aplica Aladdin (de Sidol) con algodón, no como quien pule una cacerola, sino como quien restaura un instrumento científico. Poco a poco aparece un brillo profundo, metálico y elegante, en el que el aluminio recupera su presencia.
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| Las dos zapatas ya instaladas |
Por último, se aplica una gotita de WD-40 con un paño limpio, no para engrasar, sino para proteger. Fumeo pintaba estos presores precisamente para proteger el aluminio: la pintura era la barrera contra la oxidación. Pero, como demuestra este caso, en ambientes con humedades superiores al 80 % durante más de treinta años, aquella protección no fue suficiente. En esta restauración en concreto, conscientemente, se ha decidido no repintarlos. La pintura original todavía se fabrica (disponemos de la referencia exacta), pero el acabado pulido del aluminio desnudo es tan bello que merece quedarse así. No es una traición al diseño original, sino una reinterpretación respetuosa.
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