martes, 24 de febrero de 2026

EL LEGADO SUPEROCHISTA DE LA CIENTÍFICA JOSEFINA PIULACHS, MALVENDIDO POR 180 EUROS.

Hace apenas unos días me hacía eco del fallecimiento de mi admirada Josefina Castellví, pionera de la investigación polar y primera mujer europea en dirigir una base científica en la Antártida. Autora de numerosas publicaciones y del inolvidable "Yo he vivido en la Antártida", libro que he leído tres o cuatro veces—, Pepita, como le gustaba que la llamasen, fue mucho más que una científica brillante: fue también una entusiasta del Súper-8 y una fotógrafa excepcional, especializada en diapositiva en 35 mm.

Consultado el libro de Castellví en la mesa del Instituto Nelson

No ha pasado ni un mes desde su fallecimiento y, según he sabido, las pertenencias personales de su piso en Barcelona fueron vendidas al peso, con destino al mercadillo de Els Encants. Entre muebles, libros y objetos domésticos, también fueron a parar allí sus casi veinte documentales rodados y montados por ella misma en Súper-8, además de miles de diapositivas científicas.

Todo ese legado, resultado de décadas de trabajo, viajes, investigación y mirada personal, fue adquirido por un coleccionista anónimo por la irrisoria suma de 180 euros.  Menos mal que el comprador supo el valor de lo que tenía entre manos y lo rescató, porque, en Els Ecants,  lo que no se vende rápido suele acabar directamente en un contenedor. Cuando pienso que el archivo visual de una figura clave de nuestra ciencia estuvo a punto de desaparecer entre residuos urbanos me parece absolutamente increíble, que dice muy poco de los valores de la España actual.

No hablamos de objetos decorativos ni de cachivaches sentimentales, sino de documentos históricos, únicos, diapositivas y filmaciones en Súper-8 (todo ello, material inversible positivo, esto es, que estuvo físicamente en la Antártida, no son copias),  realizado por una científica de relevancia que vivió y trabajó en el continente helado cuando muy pocas mujeres habían pisado aquellos territorios, en lo que constituye, probablemente, un testimonio único de una etapa fundamental de la investigación polar española.

Cuesta comprender que el legado cultural y científico de una figura de tal importancia haya sido tratado como un lote más en una liquidación inmobiliaria apresurada, por pura codicia del activo principal (el piso). Entiendo que las herencias pueden ser complejas, los herederos codiciosos y que el mercado inmobiliario apremia, pero cuando lo que está en juego es memoria histórica, patrimonio científico y material fotoquímico original y único, el criterio no puede ser únicamente económico.

El cine y la fotografía en película inversible y,  más en este caso, rodado por una investigadora de renombre en escenarios polares, no es solo un soporte: es tiempo encapsulado, es ciencia narrada con luz en un material original exclusivamente manipulado por su autora. 

Un episodio tan triste debería hacer reflexionar a los responsables políticos sobre la fragilidad del patrimonio audiovisual... sino estuvieran mas ocupados en comisiones y fornicaciones. ¡Cuántos archivos familiares, científicos o artísticos estarán ahora mismo en trasteros húmedos, esperando una mudanza que los condene! ¡Cuántos terminarán en contenedores por ignorancia o desinterés!

Lo único bueno de esta historia es que el archivo superochista y en diapositiva de Josefina Castellví se ha salvado, aunque sea casi por azar.  Esta sociedad sobredimensionada de cargos políticos que pretenden regular todo, falla a la hora de proteger la memoria de quienes construyeron nuestro conocimiento del mundo. El Súper-8 y las diapositivas en 35mm, una vez más, nos recuerdan que lo pequeño puede ser gigantesco y que lo que para algunos puede no tener valor, para la sociedad puede ser historia.

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