miércoles, 1 de abril de 2026

AMPRO SPECIALIST DE 16 MM: UN CLÁSICO PARA EXPOSICIÓN. Ampro Specialist for 16 mm: a classic for display.

 (English version at the end)

Dentro del proceso de remodelación de este búnker cinematográfico que es IB Cinema, hay decisiones que no se toman desde la lógica del espacio, sino desde la fidelidad a una memoria técnica y sentimental que se resiste a ser relegada al olvido. Habrá, sin duda, piezas que abandonen el almacén para no volver , partiendo, por desgracia, hacia lejanas coordenadas, pero otras, muy queridas, alcanzarán el privilegio de permanecer a la vista, habiendo trascendido su condición de herramientas y convertidas en auténticos objetos de contemplación.


Entre estas últimas se encuentra un proyector que, desde mi infancia, ejerció sobre mí una fascinación difícil de explicar: el Ampro Specialist de 16 mm. Fabricado en los Estados Unidos en la inmediata posguerra, el Ampro no fue simplemente un proyector más, sino uno de los grandes responsables de la implantación del 16 mm como formato de uso profesional en España, en un tiempo en el que el país comenzaba tímidamente a abrirse al exterior. Durante años, su presencia fue incluso más habitual que la de los célebres equipos de Bell & Howell, y precedió a la aparición de iniciativas industriales nacionales, como, entre otras, las de la casa barcelonesa Marín, que más tarde tratarían de abastecer ese mismo mercado con producción propia.

Pero si algo distingue verdaderamente al Ampro Specialist, más allá de su robustez mecánica o de su elegante diseño, con reminiscencias art decó, es su sonido. Resulta casi desconcertante comprobar cómo, a partir de una modesta banda óptica de 16 mm, es capaz de ofrecer una reproducción sonora de una riqueza, una calidez y una presencia que muchos sistemas posteriores, incluso más sofisticados en apariencia, jamás lograron igualar. El secreto reside, en buena medida, en su amplificador a válvulas, cuya respuesta orgánica parece devolver al sonido fotográfico una dimensión casi tangible, profundamente cinematográfica.

No creo, en absoluto, ser el único cautivado por esta máquina. No deja de ser significativo que Quentin Tarantino, en su permanente reivindicación del cine fotoquímico, incluyese un homenaje explícito al Ampro en su película "Once Upon a Time in Hollywood", donde este modelo aparece integrado con naturalidad en una secuencia que respira el amor por lo fílmico del genial director americano.

La unidad que ahora ocupará un lugar visible en mi estudio no es una cualquiera. Se trata de un ejemplar inmaculado, completamente operativo, que llegó a mis manos hace varios lustros gracias al buen hacer del amigo tarraconense Francisco Javier Herrera, que lo rescató de Radio Liberty cuando esta emisora, que clamaba desde la onda corta arengas a favor de la libertad en los idiomas de los países del llamado “socialismo real” de detrás del Telón de Acero, fue cerrada en 2001. Desde entonces, ha permanecido cuidadosamente preservado, a la espera de este segundo acto en el que deja de ser herramienta para convertirse en pieza expositiva.

A partir de ahora, el Ampro Specialist podrá contemplarse en uno de los laterales del estudio de telecine del búnker de IB Cinema, acompañado de su documentación original de época, impresa en color, cuya lectura resulta hoy tan reveladora como fascinante: no solo por su valor histórico, sino porque describe, con una minuciosidad casi pedagógica, la complejidad del registro fotográfico del sonido óptico, un proceso que, visto con ojos contemporáneos, roza lo milagroso.

Así, este proyector, que en otro tiempo fue instrumento de trabajo para la causa de la libertad, se convierte hoy en testimonio silencioso de una forma de hacer cine en la que cada imagen, y cada sonido, eran literalmente luz fijada sobre materia. Quizá sea ese, en última instancia, el verdadero motivo por el que algunas máquinas no deben esconderse jamás.


ENGLISH VERSION

Within the ongoing remodelling of this cinematic bunker that is IB Cinema, certain decisions are not made according to spatial logic, but rather out of fidelity to a technical and emotional memory that refuses to be consigned to oblivion. Undoubtedly, there will be pieces that leave the storage room never to return —perhaps setting off towards distant coordinates—, yet others, deeply cherished, will earn the privilege of remaining in plain sight, having transcended their condition as mere tools to become true objects of contemplation.

Among the latter is a projector which, since my childhood, has exerted upon me a fascination difficult to put into words: the Ampro Specialist 16mm. Manufactured in the United States in the immediate post-war period, the Ampro was not merely another projector, but one of the principal agents in establishing 16mm as a professional format in Spain, at a time when the country was only beginning to open itself to the outside world. For years, its presence was even more widespread than that of the celebrated equipment produced by Bell & Howell, and it preceded the emergence of national industrial initiatives, such as those of the Barcelona-based firm Marín, which would later attempt to supply that same market with domestic production.

Yet what truly distinguishes the Ampro Specialist —beyond its mechanical robustness or its elegant design, with clear Art Deco reminiscences— is its sound. It is almost disconcerting to observe how, from a modest 16mm optical soundtrack, it is capable of delivering a sonic reproduction of such richness, warmth and presence that many later systems, even those apparently more sophisticated, never managed to equal. The secret lies, to a large extent, in its valve amplifier, whose organic response seems to restore to photographic sound an almost tangible dimension, profoundly cinematic in nature.

I am, by no means, alone in my admiration for this machine. It is telling that Quentin Tarantino, in his constant defence of photochemical cinema, included a clear homage to the Ampro in his film Once Upon a Time in Hollywood, where this very model appears seamlessly integrated within a sequence that breathes the director’s love for film.

The unit that will now occupy a visible place in my studio is no ordinary one. It is an immaculate, fully operational specimen which came into my possession several decades ago thanks to my friend Herrera, from Tarragona, who rescued it from Radio Liberty when that station —broadcasting shortwave messages in favour of freedom to the countries of the so-called “real socialism” behind the Iron Curtain— was closed in 2001. Since then, it has been carefully preserved, awaiting —perhaps unknowingly— this second act in which it ceases to be a tool and becomes an exhibition piece.

From now on, the Ampro Specialist can be seen on one side of the telecine studio in the IB Cinema bunker, accompanied by its original period documentation, printed in colour, whose reading is as revealing as it is fascinating: not only for its historical value, but because it describes, with almost pedagogical precision, the complexity of photographic optical sound recording —a process which, when viewed with contemporary eyes, borders on the miraculous.

Thus, this projector —once a working instrument in the service of freedom— now stands as a silent testimony to a way of making cinema in which every image, and every sound, was literally light fixed onto matter. Perhaps that is, ultimately, the true reason why certain machines should never be hidden away.

No hay comentarios:

Publicar un comentario