(En español, al final)
For the past few days, my two working Fujica ZC1000N cameras have displayed a small difference from the way they originally left the factory. Both my main camera and the backup unit that accompanies me on expeditions and remote filming assignments have lost the "Fujica" nameplate from their front panels. In its place, both cameras now proudly display a discreet aluminum plate engraved with a single word: MIZUKAWA.
The side plates remain unchanged, bearing the new "Fujifilm ZC1000N Motion Picture Film Camera" inscriptions, which have proved extremely useful in avoiding endless explanations to curious bystanders while I am filming. The front of the camera, however, now tells a different story. This is not a change made for aesthetic reasons. It is an act of recognition and historical remembrance.
Far too often we remember the brands and forget the people who made the machines we admire possible. Yet behind every great camera there is always a designer, an engineer, or a team of engineers capable of transforming an idea into an exceptional tool. In the case of the ZC1000N, that man was Shigeo Mizukawa.
His name may be unfamiliar to most film enthusiasts, but those of us who have used this camera intensively for decades know perfectly well how extraordinary his design truly was. The precision of its mechanics, the robustness of its construction, the ergonomics of its controls and the reliability it has demonstrated over half a century are all the result of an engineer who pushed the Single-8 format to its ultimate potential.
It is no coincidence that Ivan Watson wrote in Movie Maker that the ZC1000 was the finest motion picture camera ever manufactured and would retain that distinction forever.
After filming thousands of cartridges under extreme conditions, from African deserts to the coldest regions of Antarctica, I can only agree with that assessment.
Furthermore, the Single-8 format survives today not because of Fujifilm, but thanks to the perseverance of a small group of enthusiasts unwilling to allow one of the finest motion-picture technologies ever created for advanced amateurs and professionals to disappear.
In my own case, both my assistant Álex and me continue to reload our own cartridges at IB Cinema for personal use only—never for third parties—using Kodak Super-8 film. Other users rely on the services of Retro Enterprises, the historic Japanese laboratory run by my friend Tak Kohyama, one of the individuals most responsible for keeping Single-8 alive in Japan more than a decade after its original manufacturer abandoned the format.
For that very reason, I believe it is only fair to remember the people who truly made this camera possible. Brands are born, grow, change direction and, sometimes, forget their own legacy. Great designs, however, outlive their creators.
Replacing the front plate is relatively straightforward. Once the original Fujica plate is removed, one of the screws securing the front panel becomes visible. After carefully removing the old adhesive residue and preparing the surface, the new aluminum plate can be attached using 3M 467MP industrial double-sided adhesive tape, an exceptionally strong adhesive that I have successfully employed in several other camera modifications.
The key is to work patiently, keep all surfaces perfectly clean and apply firm, even pressure during installation. After the curing period, the result is extraordinarily secure and capable of withstanding the demands of my filming projects in extreme environments.
The finished modification often produces an unexpected reaction. For years, the usual question was:
“What kind of camera is that?”
Now, when people look at the front of the camera, they ask a completely different question:
“What brand is Mizukawa?”
And that gives me the opportunity to tell them the story of one of the most brilliant engineers in the history of photochemical cinematography.
After all, great cameras do not appear by spontaneous generation. Someone has to design them. And I have the immense privilege of knowing Shigeo Mizukawa personally, having interviewed him in Tokyo a few years ago as a special correspondent for International Movie Making.
CUADERNOS DE LA ZC1000N: FUJICA HA MUERTO, ¡VIVA MIZUKAWA!
Desde hace unos días, mis dos Fujica ZC1000N de trabajo presentan una pequeña diferencia respecto a cómo salieron de fábrica. Tanto mi unidad principal como la segunda cámara que me acompaña en expediciones y rodajes remotos han perdido la inscripción "Fujica" de su frontal.
En su lugar, ambas lucen ahora una discreta placa de aluminio grabada con una sola palabra:
MIZUKAWA.
En los laterales permanecen las nuevas placas identificativas "Fujifilm ZC1000N Motion Picture Film Camera", que tan útiles resultan hoy en día para evitar interminables explicaciones a los curiosos que se acercan mientras filmo. Sin embargo, el frontal de la cámara cuenta ahora una historia diferente.
No es un cambio realizado por estética, sino un acto de reconocimiento y memoria histórica.
Con demasiada frecuencia recordamos las marcas y olvidamos a las personas que hicieron posibles las máquinas que admiramos. Sin embargo, detrás de toda gran cámara existe siempre un diseñador, un ingeniero o un equipo de ingenieros capaces de convertir una idea en una herramienta excepcional.
En el caso de la ZC1000N, ese hombre fue Shigeo Mizukawa.
Su nombre quizá resulte desconocido para la mayoría de los aficionados al cine, pero quienes hemos utilizado intensivamente esta cámara durante décadas sabemos perfectamente hasta qué punto su diseño fue extraordinario. La precisión de su mecánica, la robustez de su construcción, la ergonomía de sus controles y la fiabilidad demostrada durante medio siglo son el resultado del talento de un ingeniero que supo llevar el formato Single-8 hasta sus máximas posibilidades.
No es casualidad que Ivan Watson escribiese en Movie Maker que la ZC1000 era la mejor cámara de cine jamás fabricada y que conservaría ese honor para siempre.
Después de miles de cartuchos filmados en condiciones extremas, desde desiertos africanos hasta las regiones más frías de la Antártida, no puedo sino compartir esa opinión.
Por otra parte, el formato Single-8 continúa vivo hoy no gracias a Fujifilm, sino gracias a la perseverancia de un reducido grupo de entusiastas que se niegan a dejar desaparecer una de las mejores tecnologías cinematográficas jamás concebidas para aficionados avanzados y profesionales.
En mi caso, tanto mi ayudante Álex como yo seguimos recargando nuestros propios cartuchos en IB Cinema para nuestro uso personal —nunca para terceros— utilizando película Kodak de Súper-8. Otros usuarios recurren a los servicios de Retro Enterprises, el histórico laboratorio japonés dirigido por mi amigo Tak Kohyama, uno de los mayores responsables de que el Single-8 siga existiendo en Japón más de una década después de haber sido abandonado por su fabricante original.
Precisamente por ello me parece justo recordar a quienes realmente hicieron posible esta cámara. Las marcas nacen, crecen, cambian de rumbo y, en ocasiones, olvidan sus propios legados. Los buenos diseños, en cambio, sobreviven a sus creadores.
La sustitución de la placa frontal es relativamente sencilla. Una vez retirada la placa original con la inscripción Fujica, aparece uno de los tornillos que sujetan el panel frontal de la cámara. Tras eliminar cuidadosamente los restos del adhesivo antiguo y preparar la superficie, la nueva placa de aluminio puede fijarse utilizando cinta industrial de doble cara 3M 467MP, un adhesivo extraordinariamente resistente que ya he utilizado en otras modificaciones de mis cámaras.
La clave consiste en trabajar con paciencia, mantener las superficies perfectamente limpias y ejercer presión uniforme durante la colocación. Tras el periodo de curado, el resultado es extraordinariamente sólido y capaz de soportar sin problemas las exigencias de mis rodajes en climas extremos.
El resultado final suele provocar una reacción inesperada.
Durante años la pregunta habitual era:
—¿Qué cámara es esa?
Ahora, al observar el frontal, muchas personas formulan una pregunta completamente distinta:
—¿Qué marca es Mizukawa?
Y entonces tengo la oportunidad de contarles la historia de uno de los ingenieros más brillantes que ha dado la cinematografía fotoquímica.
Después de todo, las grandes cámaras no nacen por generación espontánea. Alguien tiene que diseñarlas.
Y yo tengo el inmenso honor de conocer personalmente a Shigeo Mizukawa, a quien entrevisté hace unos años en Tokio como enviado especial de International Movie Making.
































