Hay algo especial en escribir rodeado de historia del audiovisual. Mientras mis dedos teclean sobre un Mac de 2025, junto a la cámara de Súper-8 Nizo Professional que tanto gustaba a Steve Jobs, mi mirada se distrae de vez en cuando con los reflejos cálidos del televisor Zenith Chromacolor de 1975 que preside mi estudio Nelson de trabajo. Pese a su medio siglo, completamente restaurado por Álex, con los sabios consejos de José Manuel, su tubo catódico brilla con orgullo, no solo por fuera, sino también por dentro: color, sí, pero también alma.
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¡Mas de cien kilos entre ambos aparatos! |
Justo debajo, como si hubieran nacido el uno para el otro, reposa un videograbador Nordmende VCR, también con cincuenta años, una pieza excepcional que llegó hasta mí, desde Barcelona, gracias a la cortesía del hijo del antiguo importador de la marca en España. Ambos aparatos conforman un dúo que evoca otra época, una en la que el futuro se veía como un televisor "a colores", como se decía entonces, y un cartucho coaxial.
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¡¡¡Chromacolor!!! |
Y es que mucho antes de que el VHS se convirtiera en el estándar de los videoclubes y los hogares, ya existía un sistema pionero, hoy casi olvidado: el VCR o Video Cassette Recording, también conocido como formato 1500. Fue lanzado por Philips en 1972, una época en la que el término “vídeo doméstico” era apenas una idea futurista. Aquella tecnología utilizaba cartuchos que recuerdan, por su disposición coaxial, a los del cine Súper-8. De ahí su encanto, casi artesanal, como si la imagen grabada todavía guardara algo del aliento de quien la registró.
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Necesitamos ser tres para subir todo desde el taller |
El VCR es voluminoso, robusto, de líneas sobrias pero elegantes, y guarda en sus entrañas una ingeniería que adelantaba los sueños de un futuro que todavía no sabía llamarse digital. No tuvo una vida larga, barrido en apenas unos años por el empuje imparable del VHS y el Betamax. Pero dejó su huella, especialmente en Europa, y particularmente en hogares pioneros donde la tecnología convivía con la expectación del porvenir.
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¡¡¡VCR DE TUBULAR BELLS!!! |
Hoy, ese Nordmende que ahora forma parte de mi estudio ha cobrado nueva vida. Y no solo eso: he podido ver, por fin, una cinta de Tubular Bells en formato VCR que me regalaron hace un cuarto de siglo. El sonido, las imágenes, todo tiene un aura distinta, como si el tiempo se replegara sobre sí mismo.
Es en este entorno, también con proyectores de cine, donde me encanta crear escribiendo. Este equilibrio entre épocas no es casual. Tiene que ver con una filosofía: la del reaprovechamiento, del rescate, del diálogo entre lo que fuimos y lo que somos. Porque la tecnología, lejos de ser un simple avance, también puede ser una forma de memoria.
Así, entre válvulas restauradas, cintas magnéticas y bits de silicio, seguiremos creando historias. Y cada una de ellas, como el cartucho coaxial, gira en espiral alrededor de un núcleo común: la pasión por contar, recordar y compartir.
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VCR: cinta de video coaxial |