domingo, 16 de abril de 2017

LA HIPOTECA DE EISEMANN, CON LA KODAK PLUS X

El pasado martes, aprovechando que tuve que ir a entregar una actualización en el registro de contratistas, en el municipio coruñés de Santiago de Compostela, me acerqué a la alucinante Ciudad de la Cultura, para filmar un cortometraje en Súper-8 que pensaba denominar "Sinfonía del Gaiás",   en lo que iba a ser como una especie de poema fílmico, sólo con imágenes y música, para mostrar al mundo la colosal construcción. Sin embargo, diversas vivencias me llevaron, como se verá en las líneas que siguen, a cambiar el proyecto inicial por otro, muy crítico, que se denominará: "La hipoteca de Eisemann".
UN OPUS  EN LA AHORA RARÍSIMA PELÍCULA KODAK PLUS X.
La Plus X fue una acreditadísima película en blanco y negro de Kodak, de grano fino. Su versión final, con el código 7265, se fabricó entre octubre de 2003 hasta abril de 2010, con una sensibilidad de 80 ASA. No obstante, la mayor parte de los cineístas,  la Plux X que realmente valoramos es su versión anterior, la fetén, de sólo 40 ASA, la 7276, por varias razones:
1) su grano extremadamente fino y altísima definición, virtudes en su día excelentes para hacer copia directa y, actualmente, extraordinaria para digitalizar a 4K o superior;
2) su baja sensibilidad permite trabajar, a pleno sol, con diafragmas entre f 8 y f 11, los valores ideales para todas las ópticas.
El problema es que la Plus X fetén, la 7276, se fabricó entre 1966 y 2003, de forma que hoy en día es casi un milagro el dar con cineístas que, en su momento, hayan hecho acopio de la misma, la hayan mantenido en frigorífico durante todo este tiempo y se quieran desprender de ella (normalmente mediante permuta).
Mi amigo Marc Marti tuvo la suerte de conseguir 5 cartuchos de este siglo, de 2001, los cuales, al menos durante los últimos años, se guardaron refrigerados.
Su historia es azarosa: la emulsión se fabricó en Estados Unidos, se encartuchó en Francia, regresó a Estados Unidos, donde los adquirió un inglés que, tiempo después, se los pasó a un compatriota,  Jamie Frazer, quien,  con el devenir de la vida, se trasladaría a Suecia como productor de televisión, país en el que fundaría una familia con una nativa.
Estos cinco cartuchos acabaron en poder de Marc Martí, a quien, el año pasado, se los cambié por unos rollos de película soviética Svema fabricada en los tiempos en que Leonid Brezhnev era el secretario general del entonces todopoderoso Partido Comunista de la temible Unión Soviética.
Uno de los cartuchos lo empleé para filmar "Postureo en el cementerio", corto de unos tres minutos que era una doble prueba:
a) Verificar que es lo que podría dar de sí una emulsión tan caducada, en cuanto a densidad, contraste o el propio estado del cartucho contenedor;
b) comprobar cierta modificación en una cámara, la Bauer C900,  hecha por André Egido.
Como empeño personal, Marc Martí me pidió el privilegio de revelarla (lo que se hizo dentro del taller de revelado organizado con motivo de la II Edición de LC Súper-8 Global Day: el resultado fue tan sorprendentemente bueno, en una película caducada hace unos quince años, que reservé los cuatro cartuchos restantes para filmar, cuando me coincidiera acercarme por Compostela, "Sinfonía del Gaias".

BAUER A512 CON SELECTOR MANUAL DEL VALOR ASA.
Si "Postureo en el cementerio" la filmé con la poco pesada Bauer C900, y su asombroso objetivo Optivaron 6-51 mm, para "Sinfonía del Gaias" preparé otra Bauer, la A512, con el no menos maravilloso Schneider Variogon 6-70 mm equipado, como accesorio adicional para determinadas tomas, con el dispositivo granangular asférico Schneider UWA III en su versión C.  Este complemento, que todavía se fabrica hoy en día, y vende Wittner, transforma el granangular de 6 mm en un inaudito 4.5 mm. Su uso, exige activar la posición de macroenfoque del Variogon. Tiene una única pega, de la cual ya hablaré en su momento.
FILMACIÓN ACCIDENTADA.
El rodaje de ´"Sinfonía del Gaiás" estaba, también, planteado para probar varias técnicas:
1) el dispositivo de exposición lenta en el interior de los edificios;
2) una "Dolly" todo-terreno , motorizada, construida por mi hijo Daniel con componentes conseguidos en Bang  Good ¡por menos de 20 euros!
y 3) una rótula motorizada Polaroid.
Lo primero que me sorprendió, al dejar el coche en el macrocomplejo de la Ciudad de la Cultura, fue encontrarme el aparcamiento vacío. En todo el día ¡vi 7 turistas!: 5 de una familia y una pareja (ello, pese a ser semana no lectiva y con buen tiempo), amén de unas 6 o 7 personas que tenían pinta de ir a resolver alguna gestión en alguno de los chiringuitos a los que allí han buscado acomodo y 3 niños, probablemente hijos de burócratas.
Filmé unas cuantas tomas en el exterior, sin más compañía que las piedras, ¡que hay muchas!, cortadas de todos los tamaños y con una variedad tan extensa que el sitio, de no ser tan apabullantemente descomunal, ¡podría pasar como un "centro de interpretación del granito" o muestrario de un empresa de mármoles!
Tras filmar en el interior de la inmensa biblioteca, mediante la técnica de exposición lenta de cada fotograma, salí otra vez al exterior, para filmar las partes inconclusas de esta especie de mestaba: ¡vaya despropósito, Dios mío!
Uno ya conocía la Ciudad de la Cultura, pero sólo de rápidas visitas, para entregar papeles en uno de sus chiringuitos. Siempre me había coincidido visitarla en invierno y ya, en aquellas ocasiones, me había llamado la atención el pésimo diseño: entre el aparcamiento y la entrada a las moles edificadas hay que recorrer a pie un buen trecho, sin resguardo del viento y la lluvia, de forma que, en ocasiones, los documentos acababan transformados en húmedos legajos. Este martes de Semana Santa la situación era la contraria: el sol cayendo a plomo, sin piedad, ni sombra. 
Tras filmar un par de tomas con la Dolly "todoterreno" ideada por mi hijo, me detuve en la "cantina" para tomarme no una, sino dos botellas de agua. ¡Santo Dios, ni tras buscar oro en el Valle de la Muerte, en California, se siente uno tan desfallecido!
Desgraciadamente, en la cantina, fui reconocido por determinada persona que calienta silla en uno de los chiringuitos: ¡a partir de ahí, el rodaje fue de lo mas accidentado!
Como si estuviéramos en Corea del Norte, me prohibieron el acceso a los edificios (aduje que hay, en Internet, vídeos colgados por gente, pero, por toda respuesta, en el pomposamente bautizado como "Centro de Emprendimiento", me repitieron adustamente "aquí, no puedes grabar"); un "segurata", que no dejó de hostigarme, me impidió hacer uso del trípode o de la Dolly motorizada, de forma que tuve que seguir con la filmación con todos los accesorios en la mochila, cámara en mano.
ESCENARIO POST APOCALÍPTICO.
Ante el pésimo trato dispensado, para alguien que ni molestaba ni causaba ningún perjuicio a los inexistentes visitantes, me sentí lo suficientemente maltratado como para que mi estado de ánimo cambiase;  si lo que pensaba era glosar, con imágenes y música, lo descomunal de la obra, ahora, lo que filmé,  perseguido y vigilado por "vopos" cerveceros, servirá para otro propósito: un cortometraje, narrado,  bajo el título "La hipoteca de Eisemann", que inmortalizará, por primera y última vez con película Kodak Plus X, el inmenso despropósito de este vertedero de cientos de millones de euros cuya apertura, en gastos fijos, nos cuesta a los gallegos ¡¡¡cinco millones de pesetas diarios!!!
LA HIPOTECA DE EISEMANN
Los 60 metros de Kodak Plus X que filmé, en su mayor parte cámara en mano, en este despropósito cuyo mantenimiento Galicia no se puede permitir, se encuentran ya en poder de Marc Martí, pues así fue el pacto de amigos, sellado con sangre, a la luz de la Luna llena,  al que llegué con él cuando me suministró la Plus X a cambio de la Svema: Marc tendría el privilegio de gozar revelándola.
Estoy seguro que este cortometraje obtendrá, como todos los que filmo artesanalmente en Súper-8, una gran difusión internacional, pues desde el primero que filmé, "La Coruña en Súper-8 Kodachrome", que en sus 4 plataformas ¡superó los 200.000 visionados!, en lo que fue la última película del mundo filmada en Kodachrome (emitida también por varias televisiones), la etiqueta "shot in Super-8" genera automáticamente miles de seguidores.

Por ejemplo, "La noche de San Juan", en Kodak Vision, como cualquiera puede consultar en su contador, lleva 110.000 visionados en Vimeo (también fue emitido, sin permiso, por TVG).
De los trabajos que subí durante este curso escolar, "Pastoriza, la Virgen que sobrevivió a Almanzor", en Ektachrome, lleva casi 29.000 espectadores; "Dr. Jekyll en la ciudad de las playas", en Ektachrome, frisa los 40.000 visionados; "No hay futuro (Opus 1)", en AGFA Scala, supera los 36.000 espectadores; y la recientemente subida "Ecce Homo Equinoccial", en AGFA Aviphot, ronda los 5.000 ya (pese a su temática circunscrita a un hecho histórico de interés local, como es el estreno de una nueva imagen procesional en mi ciudad).

Todo ello, sin más promoción que el ponerlas a disposición del mundo en Internet, en una plataforma que, aunque minoritaria, uno la prefiere pues no prostituye la calidad de las imágenes argénticas, haciéndolas parecer como de "digimerde" (que es lo que sucede en YouTube). Acabo de consultar las estadísticas semanales de Vimeo y, una vez más, compruebo que los visionados proceden de todo el universo mundo en toda su redondez. En reproducciones de esta semana tan especial,  el listado sigue encabezado por "Pastoriza: la virgen que sobrevivió a Almanzor", seguida de "Ecce Homo Equinoccial" y "No hay futuro (OPUS 1)".
Me voy a esforzar con el guión de "La hipoteca de Eisemann" para que, en un plis plas, pueda interesar a cincuenta mil espectadores del mundo civilizado: ¡semejante despropósito, una vergüenza para España, se lo merece!

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