- Crónica de un rodaje imposible que, contra todo pronóstico, salió bien
Hay rodajes que nacen con vocación de locura experimental y, quizá por eso mismo, terminan convirtiéndose en pequeñas victorias personales. La comedia "Y la culpa... ¡es de Rajoy! (Los Statler y Waldorf de La Coruña)" es uno de ellos.
El punto de partida ya rozaba el disparate: doce metros (sí, doce; no quince, sino doce), de Kodak EXR50, una emulsión cinematográfica profesional de 35 mm fabricada hasta finales del siglo pasado, pero caducada desde hace más de ¡¡¡veinticinco años!!! y, para rematar, nunca concebida para Súper-8. Ese exiguo metraje me llegó gracias a Álex López, que a su vez lo había recibido como obsequio desde Ucrania, reperforado y cortado a Súper-8 con una máquina construida artesanalmente por Viktor Supereight. Pura alquimia fotoquímica.![]() |
| Waldorf Javier mirando el encuadre con la ZC1000 y el Fujinon 5.5: salvo las tomas de cámara en mano, siempre usé trípode y disparaba con un control remoto con cable o un autodisparador |
Las posibilidades de que algo saliera mal eran innumerables: la emulsión habría perdido sensibilidad en un cuarto de siglo en un factor indeterminado; veladuras parciales podrían haberse producido durante el corte, la reperforación o la recarga en el cartucho Single-8; la capa anti-halo podría resistirse a desaparecer en un revelado que tenía todas las papeletas para convertirse en una ruleta rusa; el envio desde un país en guerra posiblemente escaneado, el material sensible, con rayos X... Y, sin embargo, ocurrió lo contrario: todo salió mejor de lo esperado.
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| Ya nos gustaría rodar en 35 mm como Rajoy... ¡pero su PP de Galicia sólo suelta la pasta gansa para trabajos digitales!, que nada cuestan, grabados por radicales izquierdistas... |
Para aprovechar hasta el último milímetro de película, tomé una decisión tan radical como coherente con el espíritu del proyecto: rodar a 12 fotogramas por segundo, como muchas películas de los tiempos del cine mudo (cuando se solía filmar entre 12 y 18 f.p.s.). Ni 24 f.p.s, ni siquiera los 18 del cine amateur. Doce, pues cada centímetro contaba, ya que no se desperdició ni un solo fotograma. El metraje se exprimió hasta el límite, obligándome a filmar con precisión, sin red y sin margen para la repetición. Cine como ejercicio de economía extrema, como en los orígenes.
La cámara fue mi inseparable Fujica ZC1000N con medio siglo, una máquina que nunca deja de estar a la altura incluso cuando el material sensible parece querer sabotearte. El revelado y la digitalización los realicé con la ayuda de Álex López, aplicando su ya legendaria “fórmula SS" (doble ese de sacra y secreta), que, entre sus ingredientes, incluye agua bendita de la Virgen de Pastoriza, ideal tanto para exorcismos como para emulsiones rebeldes.
El resultado es un cortometraje mordaz, con la ironía galaica del recordado Rajoy (al que tantas legislaturas después le siguen echando la culpa de todo), con un aspecto deliberadamente imperfecto, con una textura visual que dialoga con su contenido, en la que dos cascarrabias resolviendo los problemas del mundo entre cafés, prensa y protestas, en clave de comedia amarga. Un humor muy de Galicia, difícilmente exportable, y por eso mismo sin subtítulos en inglés. Esta vez, el corto se queda en casa.
"Y la culpa... ¡es de Rajoy! (Los Statler y Waldorf de La Coruña)" no es sólo una broma filmada. Es también una reivindicación del cine fotoquímico como territorio de riesgo, donde nada está garantizado y cada reto, por pequeño que sea, sabe el doble si tiene éxito.
Sí, amigos: doce metros, doce fotogramas por segundo, cero concesiones y, milagrosamente, una película completa... ¡y hasta sobró algo de film! Como en los viejos tiempos.
¡Prepárense para iniciar 2026 con unas risas!, en la pantalla inferior:





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