jueves, 26 de febrero de 2026

¿EL SANTO MAS FILMADO EN SÚPER-8 PODRÍA SER EL PATRÓN DE ESTE PASO CINEMATOGRÁFICO?

 

Fotografia con película Kodak Portra 400, cámara Fujifilm Natura White.

Ayer al anochecer, en el Santuario de Pastoriza, se celebró misa en honor de Josemaría Escrivá de Balaguer. Mientras escuchaba su nombre, me vino un recuerdo muy concreto, casi orgánico: el ronroneo de las cámaras de Súper-8.

De niño, en la única de sus intervenciones públicas que tuve el honor de presenciar, vi muchos brazos en alto sosteniendo pequeñas cámaras negras, la mayoría Súper-8. El sonido del motor eléctrico, ese ritmo constante de los 18 fotogramas por segundo, formaba parte del ambiente tanto como los aplausos o el respeto reverencial.

Con el paso de los años he digitalizado algunas de aquellas películas: planos cercanos, a veces borrosos; encuadres temblorosos; zooms inseguros; contraluces imposibles… y, sin embargo, una fuerza documental extraordinaria. No eran filmaciones oficiales, sino miradas personales, donde cada rollo era un testimonio íntimo.

Pensando en todo ello, allí mismo en Pastoriza, me surgió la pregunta: ¿pudo ser San Josemaría el santo más filmado en Súper-8?

Mi querido Súper-8 nació en 1965 y su máximo apogeo comercial llegó hacia 1975-76. Escrivá falleció en junio de 1975, justo en la cima del fenómeno doméstico. Miles de familias europeas, también en España e Italia,  poseían ya una cámara de Súper-8. Sus viajes de Roma a España coincidieron exactamente con la edad de oro del Kodachrome en Súper-8.

Es cierto que el Papa Juan Pablo II generó una avalancha de imágenes tras 1978. Pero su gran expansión mediática coincidió con la irrupción del vídeo portátil. Además, provenía de una Polonia donde el acceso doméstico al Súper-8 era muy limitado durante el régimen comunista.

Por eso me inclino a pensar que el santo más filmado en la edad de oro del Súper-8 pudo ser San Josemaría. Entre 1965 y 1975 la conjunción fue perfecta: auge del Súper-8, encuentros multitudinarios, cultura de documentación entre familias con cámara y la ocasión de ver a una figura carismática aún viva, fundador del entonces influyente Opus Dei.

No me estoy refiriendo en estas líneas al metraje oficial producido por televisiones o documentalistas en 16 mm. Hablo de rollos familiares en Súper-8. De esos que aparecen hoy en cajitas de plástico amarillas, con la etiqueta Dymo: “Misa en Roma” o “Catequesis con el Padre, 1972”.

Quizá nunca lo sabremos con cifras exactas. Pero como archivista, después de digitalizar tanto material privado en el que a veces aparece San Josemaría, no me parece descabellado pensar que el santo más filmado en la edad de oro del Súper-8 no fuera un Papa, sino un sacerdote español al que miles de fieles filmaron con sus entonces relucientes cámaras de Súper-8.

Como siempre digo: buena parte de la historia del siglo XX no está en los archivos oficiales, sino en rollos familiares filmados con la gloriosa emulsión Kodachrome.

Ayer por la tarde, en Pastoriza, mientras la voz de don Manuel nombraba a San Josemaría en elSantuario, giré mi cabeza hacia atrás pues juraría haber vuelto a oír el ronrone de una Súper-8 girando...¿o fue mi imaginación?


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