Hace unos pocos años, en 2018, la histórica firma química Tetenal, probablemente la empresa fotográfica más antigua del mundo aún en activo, se vio abocada a la quiebra, dejando tras de sí más de siglo y medio de historia. Fundada en 1847 en Berlín, Tetenal había sobrevivido a imperios, guerras mundiales, cambios tecnológicos y al propio colapso de la fotografía química, pero no pudo resistir la combinación letal de la digitalización masiva, la reducción del mercado profesional y la desaparición progresiva de los grandes fabricantes.
Con su caída no sólo desaparecía una marca, sino que se perdían formulaciones únicas, productos que durante décadas habían sido estándar de la industria y que, en algunos casos, la propia Kodak utilizaba o había utilizado como proveedor externo. Entre ellos, uno muy concreto que a mí me afecta directamente: el fluído limpiador de película Tetenal, que durante años he empleado para preparar positivos fílmicos, míos o de clientes, antes de telecinarlos o proyectarlos.
Era un producto extraordinario. Limpiaba bien, secaba rápido, no dejaba residuos y, sobre todo, resultaba mucho más amable con el material que otros líquidos muy populares entre profesionales de lo fílmico, como Film Renew, que, si bien es eficaz, tiene inconvenientes conocidos: por un lado, puede deteriorar rodillos de goma o presores de plástico en determinadas máquinas y, por otro lado, obliga a trabajar con mayores precauciones, tanto por su olor como por su agresividad química.
El fluído limpiador de Tetenal, en cambio, siendo inflamable como casi todos los productos de este tipo, resultaba relativamente más inocuo en el uso cotidiano, algo que se agradece cuando uno pasa horas manipulando película.
Durante un tiempo pensé que aquel producto había desaparecido para siempre, como tantas otras cosas del mundo fotoquímico que se han ido perdiendo sin hacer ruido. Pero cuando ya lo daba todo por perdido, cuando estaba acabando las últimas gotas de mi último botellín con el preciado elixir, la pujante firma alemana Adox, bien conocida hoy por haber relanzado nuevas emulsiones fotográficas y por su decidida apuesta por mantener viva la fotografía química, con películas como las recientemente introducidas ADOX CHS, HR-50 o las series inspiradas en emulsiones históricas de Agfa, ha adquirido la patente del limpiador de película de Tetenal y lo comercializa ahora bajo su propia marca.
Es, en esencia, el mismo producto, tan alabado durante décadas por no dañar ni las pistas magnéticas de sonido ni atacar el plastificante de las películas de triacetato.
Pero aparece entonces el problema moderno, que no tiene nada de químico y mucho de burocrático: al tratarse de un líquido inflamable, ni Correos ni la mayoría de las empresas de mensajería lo envían a España desde Alemania, al menos no sin trámites absurdos que hacen que el envío resulte imposible o ridículamente caro.
Uno, como buen gallego, no se achanta ante los problemas de la vida y busca, como siempre, una solución. Podría decirse que mi vida es una sucesión de soluciones a problemas, uno tras otro.
Un amigo mío, capitán de la marina mercante, que navega regularmente por puertos del norte de Europa, se ofreció a traerme el producto directamente desde Alemania. Nada de etiquetas peligrosas, ni formularios interminables, ni prohibiciones administrativas: mi cargamento de botellas de líquido limpiador de películas ADOX viajó como siempre han viajado las cosas importantes en Galicia: en barco.
De esta forma, el limpiador de ADOX llegó a La Coruña, y no sólo eso, sino que fue entregado en mano en mis propias instalaciones, con un precio de transporte razonable, decididamente razonable: una hamburguesa 4×4 con pepinillos en su querido Gasthof de La Grela, que para algunos será un simple restaurante de polígono, pero que para ciertos marinos tiene algo de puerto seguro.
Así está hoy el mundo del cine fotoquímico: para conseguir un elixir alemán hay que recurrir a un capitán, a un barco y a una hamburguesa.
Pero, al menos, podemos seguir limpiando las películas antes de telecinarlas sabiendo que, si son de triacetato, su soporte permanecerá seguro.
Tetenal ha muerto.
¡¡¡Viva Adox!!!

No hay comentarios:
Publicar un comentario