miércoles, 8 de abril de 2026

SUPER TELE ZOOM FOR THE ZC1000… ABSOLUTELY COMPACT! Súper Tele Zoom para la ZC1000... ¡absolutamente compacto!

(Versión en español, al final)

One of the most remarkable virtues of the Fujica ZC1000, particularly in its Type N variant, lies in the almost defiant solidity of its C mount, crafted in brass and capable of supporting, without the slightest hesitation, big lenses of considerable weight, from the original zoom coupled with a hefty Iscorama 54 anamorphic lens weighing over a kilogram, to photographic and ciné lenses that, on cameras with weaker C mounts, would require far more precarious—or outright unfeasible—solutions.

In my case, this versatility found particularly fertile ground within the ecosystem of my 35 mm still cameras, also from the same brand—two Fujica AX-5 bodies, one in black and the other in silver, acquired in the early 1990s. Driven both by my admiration for the EBC coating system and by a certain collector’s impulse, I gradually assembled nearly the entire range of available Fujinon EBC lenses for 35 mm film, culminating in the very pinnacle of the Fujifilm catalogue: the 1,000 mm super-telephoto lens, whose mere presence commands both respect and awe.

Fujinon 490-900 mm super tele zoom

When these lenses are brought into the realm of the ZC1000, a well-known yet no less fascinating phenomenon occurs: the format’s crop factor multiplies their reach dramatically—by approximately 6.5 times—so that a 1,000 mm lens effectively behaves like a true 6,500 mm. Beyond the sheer spectacle of the figure, this opens up genuine possibilities in wildlife filmmaking and distant subjects, provided one accepts, of course, the technical demands that come with such extreme focal lengths.

It was, however, in the late 1990s that I encountered a particularly fortunate—almost providential—combination. Upon acquiring the Fujinon EBC 75–150 mm zoom for the AX-5—effectively equivalent on the ZC1000 to an impressive 450–900 mm—I was surprised to find that its dimensions, weight, and even filter diameter (62 mm) closely matched those of the ZC1000’s standard lens. In other words, I had before me a “super zoom” that demanded no ergonomic compromises and did not penalize the system in terms of portability.

On the right side, the original ZC1000 10x zoom

Naturally, its use requires—without any room for debate—a tripod, as no human hand can tame such focal lengths. Yet, once this condition is accepted, the lens immediately became an indispensable ally in my nature filming, allowing me to extend my reach without significantly increasing either the weight or the complexity of my equipment.

Perhaps most satisfying of all is that, by sharing both the optical glass quality and the renowned Fujinon EBC coating with the ZC1000’s original lens, there is no perceptible variation in color rendering. A detail of paramount importance when working with reversal film intended for direct projection—where no grading safety net exists—as it ensures visual coherence between shots, even when resorting to seemingly heterodox optical combinations.

Fujinon 1000 mm tele is a 6500 mm in the ZC1000!

Versión en español:

SUPER TELE ZOOM PARA LA ZC1000… ¡ABSOLUTAMENTE COMPACTO!

Una de las virtudes más notables de la Fujica ZC1000, en particular en su variante tipo N,  reside en la solidez casi desafiante de su montura C, fabricada en bronce, capaz de sostener sin el menor titubeo conjuntos ópticos de considerable peso, desde el zoom original acoplado a un voluminoso anamórfico Iscorama 54 de kilo y medio, hasta ópticas de procedencia fotográfica o cinematográfica que, en otras cámaras de monturas C endebles, exigirían soluciones más precarias o directamente inviables.

En mi caso, esta versatilidad encontró un terreno especialmente fértil en el ecosistema de mis cámaras fotográficas de 35 mm, también de la marca (dos Fujica AX-5, una en acabado negro y otra en plateado, adquiridas a comienzos de los años noventa), con las que, movido por mi admiración por el sistema de revestimiento EBC y una cierta vocación de coleccionismo, fui reuniendo con el tiempo la práctica totalidad de las ópticas Fujinon EBC disponibles para 35 mm, culminando en el culmen del catálogo Fujifilm: el superteleobjetivo de 1.000 mm, cuya sola presencia impone respeto y admiración.

Al trasladar estas ópticas al universo de la ZC1000, se produce un fenómeno bien conocido pero no por ello menos fascinante: el factor de recorte propio del formato multiplica su alcance de forma extraordinaria, en torno a 6,5 veces, de modo que ese 1.000 mm pasa a comportarse como un auténtico 6.500 mm. Una cifra que, más allá de lo espectacular, abre posibilidades reales en el ámbito de la filmación de naturaleza o de sujetos lejanos, siempre que se acepten, naturalmente, las exigencias técnicas que ello conlleva.

Sin embargo, fue a finales de los años noventa cuando descubrí una combinación particularmente feliz, casi diría que providencial. Al hacerme con el zoom Fujinon EBC 75–150 mm para la AX-5 —equivalente, en términos efectivos sobre la ZC1000, a un impresionante 450–900 mm—, comprobé con sorpresa que sus dimensiones, su peso e incluso el diámetro de filtro (62 mm) coincidían con los del objetivo estándar de la propia ZC1000. Es decir, me encontraba ante un “super zoom” que no exigía concesiones ergonómicas ni penalizaba el conjunto en términos de portabilidad.

Cierto es que su uso obliga, sin discusión posible, al empleo de trípode —no hay pulso que domestique semejante focal—, pero, asumida esta condición, el objetivo se convirtió de inmediato en un aliado imprescindible en mis filmaciones de naturaleza, permitiéndome ampliar el alcance sin incrementar de forma significativa el peso ni la complejidad del equipo.

Lo más satisfactorio de todo es que, al compartir tanto la calidad del vidrio óptico como el célebre revestimiento Fujinon EBC coating con el objetivo original de la ZC1000, no se aprecia variación alguna en la reproducción cromática. Un detalle que, en el ámbito de la película inversible destinada a proyección directa —donde no existe la red de seguridad del etalonaje—, adquiere una importancia capital, pues garantiza la coherencia visual entre planos, incluso cuando se recurre a combinaciones ópticas aparentemente heterodoxas.

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