sábado, 12 de noviembre de 2016

SÚPER-8 EN LA ERA DIGITAL (LRCCIÓN 1)

Con ocasión de algún evento, como la celebración en La Coruña, con periodicidad anual, del Super8 Global Day, en el que se proyectan películas en Súper-8, tanto de edición (comerciales) como de autor, los espectadores, ya jóvenes ya mayores, se sorprenden con la peculiar textura y característicos colores de este paso cinematográfico que, tras más de medio siglo de vida (cuando los más viejos creían que hace tiempo que no existía y los más jóvenes lo desconocían), ha encontrado en el mundo digital el mejor aliado para una difusión masiva.

Cuando, tras ser presentado el año precedente, el Súper-8 llegó al público en 1965, con el respaldo de Kodak (la compañía que lo desarrolló), su objetivo principal fue el mercado hogareño, hasta ese entonces prácticamente monopolizado con un 8 mm que había sido introducido en 1932 pero cuyo consumo de película y cámaras se había estancado a principio de los sesenta.



El Súper-8 fue concebido desde un principio para facilitar las cosas al usuario doméstico, con un sistema de carga automático (en el 8 mm, posteriormente conocido como Doble-8, Normal-8 o Estándar-8, las emulsiones cinematográficas se vendían, por regla general, en bobinas sueltas con película de 16 mm que había que enhebrar en la cámara, filmar primero una mitad, para, después, tras darle la vuelta, continuar con el otro lado, cortando el laboratorio en dos tiras todo el metraje antes de su devolución).


El Súper-8 llegó, también, con otras mejoras de índole técnica, como un tamaño de fotograma mayor y, en la inmensa mayoría de las cámaras,  ajuste automático de la sensibilidad de la película, motor de avance eléctrico, objetivo de focal variable (zoom), exposímetro incorporado y una velocidad de filmación que se incrementó de 16 fotogramas por segundo a 18 (exactamente un pie de película cada cuatro segundos). Kodak previó desde un principio la incorporación del sonido, reduciendo el “decalage” (o separación entre la ventanilla de registro de imagen, con su movimiento intermitente, y el cabezal de sonido magnético, con su desplazamiento continuo) de los 56 fotogramas del 8 mm a los 18 fotogramas del Súper-8 (22 en el caso de sonido óptico).
 
El Súper-8, desde su aparición y durante años, consiguió que las ventas de película no dejaran de crecer hasta alcanzar su cúspide en 1977. Cuando, a principios de los ochenta, el vídeo fue ganando adeptos, por sus costes ínfimos y su mayor facilidad de uso, la producción de cámaras y proyectores fue rápidamente disminuyendo hasta prácticamente cesar entre 1983 y 1985. A partir de ahí, el Súper-8 inició su larga travesía del desierto, sobreviviendo gracias a un puñado de entusiastas y profesionales disconformes con la calidad y textura de la imagen electrónica, en un mercado abastecido, además de por Kodak y Fujifilm, por unas pocas firmas con productos de altísima calidad.
 
El Súper-8, gradualmente,  se fue introduciendo en el terreno artístico y profesional, con la particularidad de que nunca llego a ser dejado de usar por las principales escuelas de cine norteamericanas. Uno de los hitos dentro del uso profesional del Súper-8 fue su utilización, con cámaras Beaulieu, para la superproducción de Hollywood “Black Rain”, en la que su director, Ridley Scott,  llegó al extremo de  hinchar” o ampliar, por medios ópticos ¡de Súper-8 a 70 mm! (actualmente existen técnicas más eficaces para pasar imágenes de Súper-8 a pasos mayores sin pérdida de calidad, expuestas en páginas que seguirán, y que han sido usadas, entre otras luminarias de Hollywood, por J.J. Abrams o Ben Affleck).
 
La verdadera revolución para el Súper-8 llegó, paradójicamente, gracias a Internet. En su época dorada, el Súper-8 era, principalmente, un medio concebido para consumo hogareño con una audiencia de unas pocas personas.  Incluso aquellos cineístas independientes, o escuelas, que se mantuvieron fieles al formato entre los años ochenta y principios del siglo XXI, veían, salvo excepciones, reducida la exhibición de sus obras a unos cientos de espectadores, principalmente en festivales especializados.

El desarrollo de medios de digitalización de las imágenes en Súper-8 de alta calidad (que actualmente superan el 5K), y, sobre todo,  la popularización de canales de exhibición como YouTube o Vimeo tanto en dispositivos móviles como en  receptores de televisión, permitió la distribución global de producciones rodadas profesionalmente en Súper-8. Un buen ejemplo lo representa el vídeo musical “All I Want for Christimas is You”, de la cantante de ascendencia venezolana Maríah Carey, que al poco de publicarse en YouTube, superó los ¡cien millones de espectadores!

Consciente de esta demanda profesional, Kodak, que había dejado languidecer este paso cinematográfico durante lustros, en pleno siglo XXI lo incorporó a su división de cine profesional, poniendo a la venta, en cartuchos de Súper-8, las mismas emulsiones negativas de la serie Vision que hasta entonces había comercializado exclusivamente en 16 mm, 35 mm o 65 mm.

A principios de 2017 Kodak distribuirá, a escala mundial, una nueva cámara de Súper-8,  dotada de óptica intercambiable y con videoasistencia, renovando su confianza en un paso cinematográfico que todavía tiene mucho que decir en el terreno artístico.
 

Este texto forma parte del libro de Ignacio Benedeti “Super-8 en la era digital”, que se publica de forma resumida en esta bitácora.  Prohibida su reproducción. Derechos reservados por IB Cinema.

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada