A finales de los años ochenta vendí a un estudio de doblaje un Fumeo 9613 absolutamente descomunal. En aquella época, poco después de finalizar mi etapa universitaria en Barcelona, logré que Fumeo me nombrase su delegado en esta parte de España y conseguí instalaciones muy interesantes, en Galicia, como un 9271 para la Casa de las Ciencias, un 94124 para la Fundación Barrié y, entre otros, dos 9345 de pedestal, respectivamente, para el Teatro Rosalía Castro y para una de las salas del Fórum Metropolitano.
En cuanto a este 9613, no era un proyector cualquiera, sino una máquina muy especial, concebida para un uso profesional muy concreto: estudios de doblaje en los que la pantalla de proyección y la mesa de control de grabación se encontraban al mismo nivel, separadas, claro está, por un cristal.
Para responder a esa exigencia, el 9613 adopta una solución tan elegante como poco habitual: ambas bobinas se sitúan en el pedestal, con los ejes en planos distintos, permitiendo el uso de bobinas colosales de hasta 2.200 metros. En aquellos años, esas bobinas me las fabricaba Julio Castells, en Barcelona, y verlas girar en este monstruo italiano era todo un espectáculo mecánico.
Pero el Fumeo 9613 no se queda ahí. Entre sus virtudes técnicas se cuentan la marcha adelante y atrás, presores en las ruedas dentadas, amplificadores modulares, y una cabeza mecánica de abertura total, con mecánica desmodrómica, una exquisitez que garantiza suavidad, precisión y estabilidad incluso en las condiciones más exigentes, así como su fácil reconversión a Súper-16 (en menos de cinco minutos), o su adaptación para su uso como telecine. Recuerdo perfectamente a Angelo Bianchi confesándome que, ni siquiera en Italia, le pedían lo que yo siempre proporcioné de serie a mis clientes: una cabeza mecánica de apertura total y ventanilla de formato variable (de esto carece el Fumeo de 16 mm que tiene la Xunta de Galicia en el CGAI, ahora Filmoteca de Galicia, pues el organismo autónomo siempre prefirió comprar a un precio mas caro a un proveedor de fuera de Galicia, antes que a uno local, sabe Dios por qué...).
Desgraciadamente, poco después de entregar el proyector a mis clientes, llegó la gran traición tecnológica: las distribuidoras dejaron de suministrar series a televisión en 16 mm, optando por el inferior y efímero Betacam. Ese Fumeo 9613 quedó relegado al silencio, condenado a pasar décadas en un trastero.
Hace unos pocos años, ya fallecido mi cliente, me lo ofrecieron como regalo, con una única condición: que fuese yo mismo a recogerlo. Como tantas otras veces, la vida y el exceso de proyectos hicieron que el proyector quedase también en mi estudio, esperando su momento, hasta que le llegó su hora.
He comenzado la restauración desmontando la cabeza mecánica, y el siguiente paso ha sido enfrentarse a la capa de roña acumulada durante décadas. Y aquí viene la sorpresa: con apenas una hora de trabajo, el resultado ha sido tan alentador que no puedo ocultar mi satisfacción. Bajo la suciedad, el 9613 sigue estando ahí, sólido, noble, esperando volver a la vida.
La restauración será lenta, sin prisas. Un proyecto para meses, abordado con una filosofía muy clara: que sea una labor de disfrute y relajación, no una obligación. El objetivo final es dejar este Fumeo 9613 lo más cercano posible a como salió de fábrica, con una única concesión al presente: la conversión del sistema de iluminación a LED.
Algunas máquinas no se restauran por necesidad, ni por rentabilidad, sino por amor. Como este Fumeo 9613.




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