En 2009 rodé con película Kodachrome de Súper-8, cargada en cartuchos de Single-8, un viaje familiar a Tierra Santa. La mayor parte del material lo filmé con mi inseparable Fuji ZC1000N equipada con un anamórfico Iscorama, para la obtención del formato panorámico 2:1.
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| En primer término, la P2 Iscorama, y a su izquierda la Black y la Granangular, todas con obturador reducido a 150 grados |
Pero en el interior del lugar de nacimiento de Jesús, en Belén el espacio era tan reducido que recurrí a una cámara mucho más pequeña, también diseñada por mi amigo Shigeo Mizukawa, una Fuji P2, equipada con un diminuto anamórfico Isco de igual ratio que el Iscorama.
No se trata de la P2 que uso habitualmente desde hace años, a la que reduje el obturador de 220 grados a 150 para ganar definición en planos con movimiento, sino de otra P2 absolutamente original, a la que únicamente le había modificado la rosca de su objetivo para que el anamórfico, una vez colocado, quedase en posición correcta. Conserva, eso sí, su obturador completo de 220 grados, lo que me permite ganar casi medio diafragma de luz, una bendición en interiores oscuros como aquel.
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| La P2 Iscorama con obturador de 150 grados, toma de mando a distancia fabricada por Mateu Bauzá y recordatorio de la tabla de profundidad de campo |
Desde aquella filmación, en la estancia de la Natividad, esa cámara tiene un estatus especial. No exagero si digo que es, para mí, una auténtica reliquia: la cámara estuvo allí, en el lugar donde, según la tradición, nació aquel en quien se fundamenta buena parte de nuestra civilización humana. Por eso apenas la utilizo. Descansa junto a mis otras P2 (la negra, la de obturador reducido y la de gran angular), como una pieza singular dentro de la familia P2.
Pero, relataré a continuación lo extraordinario. Como ciertas reliquias veneradas a lo largo de la historia, esta cámara, estimado lector, exuda.
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| Secreción de la exudación, en la P2 Iscorama de 220 grados |
Otras cámaras envejecen con achaques propios de su longeva edad: se endurecen las gomas, se secan los lubricantes o se oxidan los contactos:, pero esta P2 parece haber optado por un camino más místico.
Que conste que no afirmo nada, ni sugiero milagros. Tampoco es mi intención proponer canonizaciones técnicas. Pero los hechos son los hechos: es la única cámara de mi arsenal que “exuda”. ¿Será simplemente un lubricante antiguo que ha decidido reaparecer? ¿Podría ser una una goma interior que ha entrado en fase líquida? ¿O es, tal vez, ¡quién sabe!, un recuerdo inmaterial del Santo Lugar donde estuvo filmando?
Sea lo que sea, cada año la limpio con respeto y reverencia, recordando aquel momento en la gruta de la Natividad. Yo estoy convencido que las cámaras, cuando han estado en ciertos lugares o ante determinadas personas, parecen adquirir personalidad propia. Esta Fuji P2 es la prueba.



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