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martes, 7 de julio de 2026

VIEW-MASTER: PUNZONADORA PARA DIAPOSITIVAS 3D. Instrucciones en español.

Todo el mundo recuerda, al menos vagamente, el sistema de diapositivas estereoscópicas View-Master, aquellos discos de cartón que durante décadas se vendieron en tiendas de fotografía, ópticas, jugueterías y lugares tan variopintos como comercios de recuerdos o quioscos de atracciones turísticas. Bastaba acercar el visor a los ojos para que castillos, monumentos, paisajes alpinos o escenas de películas adquiriesen un relieve casi mágico, con una profundidad que, para un niño de antes de lo digital, parecía poco menos que ciencia ficción.

¡¡¡La punzonadora europea!!! Detrás, la cámara View Master

Lo que no todo el mundo recuerda es que, en los años cincuenta, la compañía norteamericana Sawyer’s, propietaria del sistema, decidió ir mucho más allá del simple visor con discos comerciales y lanzó al mercado un conjunto completo para que el entusiasta pudiese fabricar sus propios discos estereoscópicos. La idea era tan ambiciosa como fascinante: si una familia podía fotografiar sus vacaciones en color sobre diapositiva de 35 mm, también podía, con el equipo adecuado, convertir esas imágenes en auténticos discos View-Master para contemplarlas en relieve.

Para ello, Sawyer’s desarrolló un sistema completo que incluía una cámara estereoscópica específica, un proyector, pantalla metalizada para estereoscopía, gafas polarizadas y, sobre todo, el aparato más singular del conjunto: la punzonadora, destinada a cortar las transparencias obtenidas con la cámara al formato exacto exigido por los discos View-Master. Es decir, no se trataba solo de hacer fotografías, sino de entrar en una pequeña cadena de producción donde el usuario exponía, revelaba, troquelaba y montaba sus propios trabajos tridimensionales.

La punzonadora: probablemente no usada en los últimos 60 años.

Un pequeño laboratorio doméstico de estereoscopía.

Visto hoy, el sistema View-Master personal resulta admirable porque resume una forma de entender la fotografía que prácticamente ha desaparecido. La imagen no terminaba en el momento de apretar el disparador. Después venía el revelado, la manipulación física de la película, el corte, el montaje y, finalmente, la contemplación del resultado. Era una fotografía mucho más manual, más lenta y, en cierto modo, más noble, en la que el aficionado no era un mero consumidor de imágenes, sino parte activa del proceso técnico.

La cámara View-Master personal exponía sobre película de 35 mm en color, generando pares estereoscópicos destinados a ser montados posteriormente en los célebres discos circulares. Cada disco admite siete pares de imágenes, de modo que el usuario debía cortar con precisión cada pareja de transparencias y colocarla en su ventana correspondiente. La punzonadora era, por tanto, la pieza clave del sistema: el eslabón mecánico que transformaba un rollo revelado de 35 mm en un auténtico disco View-Master utilizable en cualquier visor compatible.

Y aquí conviene detenerse un momento, porque la palabra punzonadora puede sonar modesta, pero el aparato no lo era en absoluto. Se trata de una máquina diseñada para recortar con exactitud milimétrica las pequeñas imágenes estereoscópicas, respetando su posición, su orientación y el orden en que han de montarse. Un simple error milimétrico de colocación, un avance incorrecto o una inserción invertida bastan para arruinar el efecto tridimensional o desordenar completamente la secuencia visual del disco.

La cámara, discos y los visores de mano, una vez populares

La aventura europea de Sawyer’s.

El éxito comercial del sistema llevó a Sawyer’s a establecer también una implantación industrial en Europa. Pronto se montó una fábrica europea para abastecer este mercado, y con ella aparecieron variantes del sistema destinadas a nuestro continente. Esto tiene hoy una consecuencia práctica importante para el coleccionista o aficionado: el sistema europeo no es exactamente igual al norteamericano, y determinados accesorios, entre ellos la punzonadora, presentan diferencias específicas.

Hace unos años conseguí el proyector europeo View-Master, una pieza magnífica que ya de por sí resume una época en la que la fotografía aspiraba a convertirse en espectáculo de salón. Tiempo después, llegó a mis manos un regalo extraordinario: una cámara View-Master europea, jamás vendida, en su estado original, de las fabricadas en Alemania. Y ahora, por fin, he podido completar el círculo con la pieza más difícil de encontrar de todas: la punzonadora del sistema europeo, distinta de la americana y mucho menos frecuente en el mercado.

No exagero si digo que esta era, para mí, la pieza que faltaba para poder plantearme seriamente la fabricación de mis propios discos View-Master. Porque una cosa es poseer la cámara, otra el proyector, y otra muy distinta contar además con el instrumento exacto para transformar la película en discos funcionales. Sin la punzonadora, la cámara queda reducida a una curiosidad estereoscópica; con ella, en cambio, el sistema recupera su sentido original.

El megararo proyector estereoscópico View Master

La dificultad de las instrucciones.

Como suele ocurrir con este tipo de hallazgos, la punzonadora apareció sin instrucciones. Y cualquiera que haya tenido en las manos uno de estos aparatos comprenderá enseguida que no conviene improvisar. La máquina no es especialmente compleja, pero sí lo bastante precisa como para que un uso incorrecto termine en una colección de transparencias mal cortadas, desordenadas o, sencillamente, inservibles.

Por fortuna, mi amigo Jordi Masachs ha tenido la amabilidad de enviarme, desde su archivo fotográfico, unas instrucciones originales en español correspondientes a esta punzonadora europea. Se trata de un material documental muy difícil de localizar y que, precisamente por eso, me ha parecido oportuno reproducir en esta entrada junto con fotografías de mi propia cámara y de la punzonadora, por si puede servir de ayuda a otros aficionados o coleccionistas que, en algún momento, se enfrenten al mismo problema.

Y es que, al leerlas, uno comprende enseguida hasta qué punto el sistema estaba pensado para ser utilizado por el aficionado medio, pero también hasta qué punto exigía un procedimiento cuidadoso. Las instrucciones insisten, por ejemplo, en que la película debe estar perfectamente plana antes de proceder al corte, recomendando desenrollarla en sentido contrario y dejarla reposar durante horas, o incluso colgarla con un pequeño peso para que pierda la curvatura. También advierten de la necesidad de manipularla siempre por los bordes, evitando huellas, arañazos o polvo, algo especialmente importante cuando hablamos de transparencias en color destinadas a observación estereoscópica.

Cómo funcionaba la punzonadora.

La lógica de la punzonadora es tan ingeniosa como mecánica. La película se introduce por el lado derecho del aparato y se coloca sobre un tambor dentado cuyos dientes deben engranar correctamente en las perforaciones del 35 mm. Un botón permite el avance controlado de la película, mientras que una palanca superior acciona el corte propiamente dicho. Cada vez que se corta un par de imágenes, éste sale por una de las dos rampas laterales, izquierda o derecha, según su posición dentro de la secuencia.

Ese detalle no es menor, porque el sistema obliga a respetar escrupulosamente la orientación de cada pareja de transparencias. Las propias instrucciones distinguen entre las imágenes que salen por la rampa derecha y las que salen por la izquierda, indicando en qué ventanillas del disco debe insertarse cada una y en qué posición, de pie o boca arriba, con la esquina cortada hacia abajo o hacia arriba según el caso. Es decir, la punzonadora no solo corta: también “clasifica” físicamente las imágenes según el orden y la posición que necesitarán después en el disco.

Una vez cortadas, las fotografías deben montarse inmediatamente en el disco porta-fotografías. Cada disco admite, como es sabido, siete pares estereoscópicos, y el orden puede respetar el de la toma original o alterarse deliberadamente para crear discos temáticos: viajes, reuniones familiares, regalos, grupos de retratos, etc. En otras palabras, Sawyer’s no pensaba únicamente en la reproducción fiel de un carrete, sino en la posibilidad de que el usuario construyese pequeños programas visuales tridimensionales a su gusto.

Un sistema doméstico extraordinariamente sofisticado.

Lo que más me fascina de todo este conjunto es que no estamos ante un simple juguete óptico, sino ante un sistema fotográfico de una sofisticación extraordinaria para su época. Pensemos en lo que implicaba: una cámara estereoscópica capaz de registrar pares de imágenes sobre 35 mm; un método normalizado para troquelarlas; discos estandarizados para su montaje; un visor personal y, además, un sistema de proyección sobre pantalla metalizada con gafas polarizadas para que varias personas pudiesen ver a la vez las imágenes en relieve.

Todo ello dentro del ámbito privado, en una época en la que la fotografía en color seguía siendo cara, delicada y, en cierto modo, ceremonial. No deja de maravillarme que la industria de entonces confiase tanto en el entusiasta como para ofrecerle no solo una cámara, sino una pequeña cadena de montaje estereoscópico en miniatura.

Mi pequeño avance hacia los discos propios.

Con la llegada de esta punzonadora europea, el proyecto empieza por fin a tomar forma. Hace años apareció el proyector; más tarde, la cámara alemana sin vender; y ahora, gracias a este nuevo hallazgo y a las instrucciones que Jordi me ha facilitado, ya puedo empezar a estudiar con cierta seriedad el proceso completo para fabricar mis propios discos View-Master.

No será un camino rápido, porque precisamente la gracia de estas cosas reside en hacerlas con calma, entendiendo el sistema, respetando sus limitaciones y procurando no sacrificar una película por precipitación. Pero sí es, al menos, un paso decisivo. Como tantas otras veces en el ámbito de la fotografía fotoquímica, la dificultad forma parte del encanto. Uno no se enfrenta aquí a un archivo digital que se duplica con un clic, sino a un procedimiento físico en el que cada fase exige atención, precisión y un cierto respeto por la mecánica del pasado.

Y quizá sea precisamente eso lo que hace tan atractivo hoy el View-Master personal. No solo la ilusión del relieve, ni el encanto de sus visores, ni la belleza de sus discos. También la idea, casi olvidada, de que la fotografía doméstica podía ser una actividad manual, compleja y creativa, en la que el aficionado no se limitaba a disparar, sino que construía literalmente con sus manos la forma final de sus recuerdos.

Por mi parte, seguiré avanzando poco a poco en esa dirección. Si todo va bien, el siguiente paso será empezar a realizar mis propios discos y comprobar si, setenta años después, el viejo sueño de Sawyer’s sigue funcionando con la misma eficacia: transformar unas sencillas transparencias familiares de 35 mm en una pequeña ventana tridimensional al pasado.

domingo, 28 de mayo de 2017

ESPAÑA EN KODACHROME Y TRES DIMENSIONES: SORPRENDENTE HALLAZGO DE VIEW MASTER.

Los discos estereoscópicos View Master forman parte de mi vida desde la infancia, cuando se podían comprar en establecimientos fotográficos, ópticas y en tiendas de recuerdos de sitios muy turísticos. Otro día hablaré del sistema View Master pero en esta entrada adelanto, para quien no lo conozca, que consiste en un disco con siete diapositivas dobles para ver en tres dimensiones (o relieve, como se decía antes), a través de un visor barato (el estereoscopio) o bien, en el colmo del sibaritismo, mediante el uso de un proyector especial en pantalla metalizada y con gafas polarizadas. 
El sistema View Master se comenzó a comercializar en los Estados Unidos en 1939. Inmediatamente fue todo un éxito, pues las imágenes, además de las tres dimensiones, desde el primer momento estaban editadas en gloriosas minidiapositivas Kodachrome que, aparte de su espectacular color en aquellos tiempos grises, desde el punto de vista del coleccionista tienen la ventaja de que sus colorantes se mantienen inmunes a través del tiempo.
A partir de los años sesenta, View Master cambió varias veces de manos: de Gruber-Sawyer a GAF, en los tiempos de mayor gloria. En esta época se comercializaron discos View Master de los mas variados temas: desde lugares exóticos o históricos a anatomía, pasando por imágenes fotografíadas ex profeso de largometrajes para cine y series de televisión. 
La decadencia de sistema View Master se inició a finales de los setenta: GAF, una empresa fotográfica,  la vendió a la juguetera  Mattel y, posteriermente, ésta a Fisher Price: esta es la razón de que ahora los visores sólo se encuentren en jugueterías (además, claro está, de en Amazon).
Una de los atractivos del sistema View Master es que los discos, aun con pequeñas variaciones, pueden ser vistos en cualquiera de los reproductores fabricados durante estos tres cuartos de siglo. Aparte de los pocos discos que pude comprarme de niño, con el tiempo he ido reuniendo mas, pero limitándome a aquellos producidos en Kodachrome: no me interesan las imágenes de Ansco, AGFA y otros sistemas de color inversible. 
NOTABLE HALLAZGO POR SEIS EUROS.
6 euros es lo que me costó un paquete de recuerdo de España, editado en 1961, en Kodachrome, totalmente nuevo, sin abrir. El sobre trae: 
1) tres discos tridimensionales con diapositivas Kodachrome de maravilloso colorido; 
2) un opúsculo explicativo de la historia de España;
y)  un folletito que contiene, pegados, la bandera de España (con el escudo de la época), una moneda auténtica con la cara de Franco, un sello de diez céntimos, también con la efigie del general y la partitura con el himno nacional: ¡lo sorprendente es que se trata del himno republicano! Y esto se vendió en la España de Franco. 
DIVERSIÓN MÁXIMA CON LOS TEXTOS.
He pasado un buen rato leyendo los textos del opúsculo, en inglés, de los que entresaco algunos párrafos (publicados, recuerdo, en 1961): 
"de 1936 a 1939 España fue sacudida por una Guerra Civil que dañó al país, culminando con la victoria de los nacionalistas del general Franco. Actualmente, España es oficialmente una monarquía constitucional con Franco como jefe del estado"; 
"en libertad individual, los españoles son los seres mas libres de Europa: cada español es un rey, es poseedor de su verdad"; 
"los españoles tienen en común un poco de quijotes, algo de poetas y un mucho de la valentía de los toreros"; 
"no existe un español típico: sus ciudadanos son tan variados como los muchos antiguos reinos que sirvieron para construir la España moderna"; 
"vascos y catalanes se consideran a sí mismos como naciones separadas"

SOBRE GALICIA.
"Imaginativos, son los irlandeses de España, con sus gaitas y tradiciones. Detestan las corridas de toros, son profundamente melancólicos y sus mentes son impenetrables en cualquier negociación: nadie sabe lo que ocurre en la neblinosa mente de un gallego".
SOBRE LOS VASCOS.
"Aislados por su lengua, que ningún forastero comprende, ellos se proclaman como la raza mas antigua del mundo"; 
"los vascos son muy religioso y prácticos"; 
"sus corridas de toros no presentan un ritual tan estilizado como en el resto de España: en Navarra, envían a sus mujeres a las ventanas de sus casas, mientras que los hombres corren delante de los toros".
SOBRE LOS CATALANES.
"Son la burguesía tradicional, industriosos, comerciantes y, también, prepotentes y extravagantes".
LO MAS SORPRENDENTE: SOBRE LOS ANDALUCES.
"Voluptuosos como su clima, su sangre es una mezcla de moros con gitanos"; 
"están hablando continuamente de mujeres (vestigios de los harenes de Andalucía), de toros y de fiesta"