jueves, 13 de julio de 2017

EISEMANN: UNA HIPOTECA CON MALDICIÓN

Como ya narré en su momento, en esta bitácora, filmé con la llorada película Kodak Plus X un cortometraje que, en un principio, se iba a llamar "Sinfonía del Gaiás" y en el que las elefantiásicas construcciones aparecerían al son de una banda sonora, sin locución.
Ocurre que, una vez en el lugar del rodaje, la magnitud del despropósito constructivo, junto con el hecho de que se me prohibiese filmar el interior de las dependencias, me hizo cambiar no sólo el enfoque del opus, sino también su título, que pasó a denominarse "La hipoteca de Eisemann".
También relaté que a esta película, a fin de sonorizarla, le pegué personalmente las pistas laminadas magnéticas AGFA F5 pues mi propósito es sonorizarla por el sistema clásico (infinitamente más complejo que el digital pero que me proporciona el máximo disfrute).
LA MALDICIÓN DE EISEMANN
Tal vez es que uno, con la edad, ya va perdiendo la pericia que exige un trabajo de  precisión micrométrica como la adhesión de pistas que tienen la anchura de un pelo humano; o tal vez, sea por la antigüedad de mis existencias magnéticas, pistas AGFA F5, de los años ochenta.
El caso es que cuando, hace unos días, me disponía a iniciar la sonorización descubrí con horror que ¡las pistas de esta película se estaban despegando!
A Dios gracias, esto ocurrió antes de la sonorización. Si llegase a pasar después me daría un patatús puesto que el registro de sonido, por sistemas clásicos, en súper-8 es un proceso artesanal que exige una dedicación de muchas horas, sin margen al error, según los siguientes pasos: 
1) Pegado de las pistas magnéticas a la película;

2) Sincronización de directos y labiales, de haberlos;
3) Grabación de música de fondo; 

4) Adición de ruidos procedente de sonido de biblioteca; y
5) Finalmente, la locución.

Cada fase en superposición sobre lo ya grabado, no en pistas independientes como en digital, de forma que, por ejemplo, una palabra mas pronunciada en la locución (fase 5) implica repetir todo el proceso de esa secuencia desde los puntos 1 a 4.
Le hice, a la banda magnética, una serie de parches, para asegurarla, pero fracasé: ¡se desprendió como un fideo!
Me enfadó tanto que decidí cambiar de título y el tono de este opus: si en un principio se iba a llamar "La sinfonía del Gaiás" y después "La hipoteca de Eisemann", ahora, a  la vista de lo acontecido, se llamará "La maldición de Eisemann", nuevo nombre que resulta muy adecuado para el enfoque que le voy a dar al guión sobre ese complejo de mastabas diseñado por un arquitecto lunático y que,  más que una hipoteca, son una maldición insostenible para la región gallega.
Mientras que en Italia no se encuentre listo el sistema de pistado líquido para Súper-8 (por ahora sólo disponible en 16 y 35 mm), he mandado "La maldición de Eisemann" a la buena gente de Fipra en Alemania, para que me la pisten, aunque sea en laminado. ¿Lo conseguirán?





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