miércoles, 5 de julio de 2017

OPUS 2 A 18.3 FOTOGRAMAS POR SEGUNDO

El Opus 2 de la serie "No hay futuro", filmado con emulsiones Kodak Tri X y Fujifilm Velvia 50, tenía su sonorización prácticamente completada esta vez en digital: a diferencia de otros de mis trabajos cinematográficos superochísticos, que sonorizo en las pistas que pego en la propia película, en éste, el sonido, aunque de fuentes analógicas, lo fui grabando de forma digital, labor facilísima, pues permite usar pistas independientes, con dos canales de música, otros dos de efectos, otro con el sonido directo y otro para la locución. Sonorizar en digital es tan sencillo que uno, personalmente, no disfruta.
Con el registro sonoro prácticamente terminado, ¡"cascó" el disco duro del ordenador en el que tenía todo grabado!
¡Pensaba publicar el opus esta semana!, pero esta contrariedad me obliga a tener que esperar.
Ahora, cada noche, tras la cena, voy sonorizando el trabajo, pero esta vez por el método tradicional (con el que más disfruto, dicho sea de paso).
1) El lunes pegué pistas magnéticas AGFA F5 a la película.
2) Ayer martes, ya secas,  comencé su sonorización. La primera fase, que completé ayer, es la sincronización de los sonidos labiales de los actores (que, a Dios gracias, conservaba en cinta magnetofónica).
3) Ahora, en las siguientes noches, toca seguir con lo siguiente:
a) añadir música de fondo;
b) adición de ruidos procedente de sonido de biblioteca, y
c) locución.
¡Menos mal que, en mi vetusta tableta de dos décadas, conservo el guión íntegro! De tenerlo en el disco del ordenador que "cascó", ¡me hubiese dado un patatús!
EL MARAVILLOSO RETO DE GRABAR EL SONIDO EN SÚPER-8.
El sonido, en Súper-8,  se graba en superposición, no en pistas independientes, por lo que tiene que salir bien a la primera, para no arruinar los registros precedentes.
Lo primero, claro está, es lograr la sincronía con los labiales, si los hay. En este caso, como se puede ver en la fotografía, tuve que conseguir la sincronía no a los 18 fotogramas por segundo exactos, sino a 18.3.
Un error en la dicción en la última fase, la de la locución, implica repetir toda esa secuencia en sus distintas sobreimpresiones.
Sonorizar en Súper-8 es, pues,  una labor que aúna la tecnología con la artesanía, máxime en este caso, en que he pegado personalmente ambas pistas magnéticas (pues, para rizar el rizo de la complicación suprema, ¡sonorizo con estereofonía!)
Ahora, no me queda otra que rezar para que no se despeguen las bandas magnéticas, como me ocurrió con el principio de "La hipoteca de Eisemann", que será mi siguiente sonorización tradicional.

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