martes, 16 de abril de 2024

¡ATERRORIZADO, PERDIDO EN LA ANTÁRTIDA!... CON LA ZC1000

Como había amanecido un día maravilloso, en la Isla Wiencke, cargué la cámara de cine ZC1000 con película Kodak Ektachrome 7294 y, a las 6.30 de la mañana, inicié la caminata hasta la Cabaña de Punta Damoy, el histórico refugio de Gran Bretaña en la Antártida (reconocido como sitio histórico). 

Durante el trayecto, el cielo se fue encapotando y, una vez en la cabaña, comenzó a nevar levemente. No le dí importancia y en lugar de regresar al barco por donde había venido, decidí ir por un itinerario mas largo, de unos cuatro o cinco kilómetros, habida cuenta que estaba en unas latitudes mas benignas que las semanas anteriores (a 64º 49.5´S / 063º 32.0´W), para así poder filmar una colonia de pingüinos. 

Por esa otra ruta, Vide Brandt, que vive en Spitsbergen (¡el mundo es un pañuelo!: trabaja con Svein Wik), había colocado cada 200 o 300 pies (60 o 90 metros), varas de bambú que servían de orientación. Aunque a la vista del empeoramiento del tiempo ni mi compañero de camarote, Gary Roberts, se aventuró por esta ruta, quien escribe, como disponía de una buena reserva de película (con dos emulsiones para elegir), decidió seguir las varas.

Solo, bajo la nieve, a -10º C ¡y sin ninguna referencia!, con la ZC1000

Una vez junto a la pingüinera la nieve comenzó a caer copiosamente y la temperatura descendió 18 grados con respecto a los -2º C de esta mañana, viéndome envuelto en una cegadora neblina con el terrible efecto windchill (ya descrito en otro capítulo). Después de rodear la colonia de pingüinos para filmarlos, cámara en mano, desde distintos ángulos, me volví para continuar la ruta hacia el barco pero la visibilidad se redujo tanto que ¡la hilera de postes de bambú no se veía! como tampoco cualquier punto de referencia, ni las elevaciones de terreno o la línea de costa

Ahí estaba uno, inmerso en la niebla, bajo la nevada, sin nada bajo lo cual cobijarse, con la sola compañía de la ZC1000, preguntándose que dirección tomar, acongojado por el miedo a extraviarse. 

En Internet, la Cabaña de Punta Damoy se suele ver pintada en azul pero cuando la filmé había sido recientemente restaurada por una institución británica con su color naranja original.

La primera idea fue regresar a la Cabaña de Punta Damoy, donde estaría Vide Brand haciendo guardia, así que intenté buscar mis huellas sin éxito: ¡habían desaparecido bajo la nevada! Tuve un impulso de apurar el paso pero ¿en qué dirección? Apenas había visibilidad y, sin referencias paisajisticas,  resultaba apremiante encontrar las varillas de bambú que me servirían de orientación.

Decidí crear un punto de referencia, apilando un montón de nieve de medio metro de alto, y caminar 400 pies (120 metros) con el rumbo modificado en tramos de 30 º hacia la izquierda para intentar localizar alguna de las varillas. La nieve en la Antártida es distinta a la que cae en las cúspides mas altas de mi querida Galicia: menos suave pero con una blancura que parece sobrenatural. 

La pingüinera en medio de la blancura cegadora

Tras el tercer intento sin éxito, al intenta regresar a mi punto de referencia, me alarmé pues no lograba atisbar el montón de nieve;  musité aterrorizado en voz alta: "estás perdido, Ignatius".  ¡Dios, qué angustia! Aunque estaba aterrorizado, ¡para nada quería que un equipo viniese en mi búsqueda! Mi único consuelo, mi tranquilidad máxima: portar, en el traje polar, la Concha Sargadelos del Peregrino, bendecida por el Padre D. Manuel, a los mismos pies de la milenaria talla de la Virgen de Pastoriza sueva, en su Santuario de Arteixo.  

Algo que me llamó la atención, con la calma tras la ventisca,  fue el sonido del silencio: ni pingüinos, ni viento, ni el rumor del mar mas allá de la niebla; el silencio mas sepulcral solo roto por el crepitar de los copos de nieves contra mi mono polar o en la cámara. No había traido funda para resguadarla pues ¿quien me iba a decir, con aquel bonito amanecer,  lo que estaba a punto de avecinarse? Me confié y olvidé la mas fundamental de las reglas polares: siempre hay que estar preparado para lo peor. ¡Pobrecita ZC1000,  a sus 50 años! Pero ella no me dejó tirado. Cuando la nieve dejó de arriar y la neblina se disipó un poco, descubrí el montoncito de nieve que había levantado. 

Pensé que, si quería salir de esa enorme blancura sin referencias,  no había otra alternativa que ampliar el radio de búsqueda de los postes de bambú desde el montón de nieve: así que decidí caminar algo mas cada vez, cincuenta pasos a mayores de los 400 pies o 120 metros que había pensado: casi a punto de rendirme, ¡¡¡en el paso 45 del cuarto intento atisbé una de las varas de bambú, a unos ocho metros de distancia!!! Ni Robinson Crusoe se habría alegrado tanto de ver al "Duke", el barco que le rescató, como yo ahora.

En cuestión de menos de un minuto, el ambiente oscuro, con nubes bajas de color gris,  se transmutó en unas neblinas súper luminosas, cegadoras con la nieve, que me cogieron impróvido pues había dejado en el camarote las gafas especiales que me habían regalado los de Vallon.  ¡Menos mal que este episodio fue breve! Antes de que desapareciera esta luminosidad infernal me dió tiempo a realizar un par de tomas de la pingüinera con un poco de película Double X, del mismo corte que Kodak fabricó para Nolan (claro que para él en 65 mm y para mi en 8 mm tipo S, je, je). 

La nieve cesó, las neblinas se fueron disipando y, a mayores de los postes de bambú, me pude orientar por las montañas y la línea de costa, con lo que pude llegar a la zodiac justo cuando se cumplía el tiempo límite (una zodiac adicional partiría algo mas tarde con Vide, entre otros, y el cargamento de varillas de bambú), pese a un contratiempo adicional: cerca de la cala, me dí cuenta de que había perdido el parasol. No me quedó otra que desandar casi un kilómetro, hasta encontrarlo medio oculto por la nieve. ¡Qué suerte tuve!, dado que en la Antártida no se puede dejar ningún residuo. El incidente del parasol es la prueba de que la presencia humana puede mancillar estos parajes prístinos, aun accidentalmente y sin quererlo

Todo esto, y mucho mas, en el documental PERFECTA LOCURA ANTÁRTICA  (pulse sobre el título para saber mas), cuyo tráiler se puede ver en la pantalla inferior:

PERFECT ANTARCTIC MADNESS (trailer for television) from IB CINEMA Motion Picture Films on Vimeo.

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