(Spanish translation at the end)
Even before Fujifilm — rather ungratefully, in my opinion — abandoned in 2012 the system that had once opened for them the doors of the Western market, the remarkable Single-8, I was already reloading Single-8 cartridges with film stocks from other origins, including the beautiful y only one Kodachrome.
The Single-8 cartridge offers a number of technical advantages that, even today, make it one of the most intelligent designs ever created for amateur cinematography. Unlike Super-8, the pressure plate is located in the camera itself, not in the cartridge, ensuring a much more precise film positioning. In addition, the cartridge uses two parallel axes for the film core (like a cassette tape), which allow full rewinding and keep the film travelling in a perfectly flat plane, making jamming virtually impossible — unless, of course, the film has been badly slit or reperforated, something that, in my experience, never happens with Kodak stock.
Another often forgotten advantage is that Single-8 cartridges were designed from the beginning to be reusable. During the early years of the system, when Fujichrome was still a true substantive colour process comparable to Kodachrome and processing was centralized, Fujifilm itself recovered the empty cartridges from its laboratories for reuse.
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| Gabriela was my first film loader, 15 years ago |
Whenever I obtain a new batch of used cartridges for my stock, I carefully remove the remains of old labels or printed markings, and replace them with custom stickers, leaving a blank space where I write in pencil the type of film loaded inside.
Before reloading each new cartridge with film in the darkroom, each one, where the roll rests, is lubricated with a drop of Singer sewing machine oil. It is a small ritual that reminds me that working with film is not merely recording images, but participating in a complete mechanical and chemical process.
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| Removing remnants of paper adhesive with Zippo or Ronson oil |
I must clarify that I do not sell reloaded cartridges nor reload film for others. Loading Kodak film into Single-8 cartridges is a strictly personal activity, reserved for my own productions, or for those of my faithful factotum Álex. It takes time, patience, and a certain stubbornness, but it is also the closest one can come, today, to the old dream of making one’s own film — since the rest of the chain, from shooting to processing, editing, and projection, is also done by ourselves.
That is precisely why the result feels different, as every frame has passed through our hands more than once before reaching the screen.
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CARTUCHOS DE SINGLE-8 RECARGABLES CON PELÍCULA DE SÚPER-8.
Aun antes de que Fujifilm (de forma que no puedo evitar calificar de poco agradecida) abandonase en 2012 el sistema que le había servido para darse a conocer en el mundo occidental, el admirable Single-8, yo ya recargaba cartuchos de Single-8 con películas de otras procedencias, entre ellas el maravilloso Kodachrome.
El cartucho de Single-8 presenta numerosas ventajas técnicas que, todavía hoy, lo convierten en uno de los diseños más inteligentes jamás concebidos para el cine de pequeño formato. A diferencia del Super-8, el presor se encuentra en la cámara y no en el cartucho, lo que garantiza una colocación de la película mucho más precisa. Además, el cartucho utiliza dos ejes paralelos, como una cinta de cassette, lo que permite el rebobinado integral y mantiene la película siempre en el mismo plano, haciendo prácticamente imposible cualquier atasco, salvo, claro está , que la película esté mal cortada o reperforada, algo que jamás me ha ocurrido con película Kodak.
Otra ventaja, a menudo olvidada, es que los cartuchos de Single-8 fueron concebidos desde el principio para ser reutilizados. Durante los primeros años del sistema, cuando el Fujichrome era todavía un proceso cromático substantivo, en un sistema idéntico al Kodachrome, y el revelado se realizaba de forma centralizada, la propia Fujifilm recuperaba los cartuchos vacíos desde sus laboratorios para volver a utilizarlos.
Cuando consigo una nueva partida de cartuchos caducados, elimino cuidadosamente los restos de antiguas etiquetas o serigrafías, y les coloco pegatinas personalizadas, dejando un espacio en blanco que relleno a lápiz con el tipo de película cargada en cada uno.
Antes de recargar cada cartucho con película en el cuarto oscuro, se lubrica cada uno de los compartimentos donde descansa el rollo con una gota de aceite para máquinas de coser Singer. Es un pequeño ritual que me recuerda que trabajar con película no consiste solo en filmar imágenes, sino en participar en todo un proceso mecánico y químico.
Debo aclarar que no vendo ni recargo película para terceros.
El uso de película Kodak en cartuchos de Single-8 es una actividad estrictamente personal, destinada únicamente a mis propios trabajos, o a los de mi factótum Álex. Es una tarea que requiere tiempo, paciencia y cierta obstinación, pero que permite acercarse como pocas cosas hoy en día al viejo sueño de fabricar uno mismo su propia película, ya que el resto del proceso (la filmación, el revelado, el montaje y la proyección), lo realizamos también nosotros.
Por eso, el resultado tiene algo especial, pues cada fotograma ha pasado más de una vez por nuestras manos antes de llegar a la pantalla.






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