miércoles, 5 de octubre de 2016

UNA ECONOMÍA ESPAÑOLA QUE VA COMO EL "TITANIC"

Hace hoy dos años tuve que decir "adiós" a mi positivo cinematográfico de "TITANIC", la superproducción de Joseph Goebbels, uno de los largometrajes en 16 mm más queridos de mi colección, que se rodó bajo las órdenes directas del ministro de propaganda de Hitler. Es una película muy curiosa pues proporciona una visión distinta del más famoso naufragio de la historia.

 Mi positivo era un origin
al Agfa de la época de su estreno, 1943, en estado inmaculado, con una rara pista óptica de área variable unilateral, procedimiento que sólo empleaba Klang Film.

 Me dolió mucho desprenderme de este título, pero me ví forzado a ello por la depauperada situación que está atravesando mi sector en España, en el que hasta el mismísimo Antonio Banderas ha tenido que declarar el concurso de acreedores para su productora de animación Kandor, nominada al Óscar, para unirse a un rosario de nombres prestigiosos caídos durante la crisis: Alta Films, Dygra, Perro Verde, Jaleo, Sorolla, Artemática...

 La oferta de la Deutsche Kinemathek fue, en estas circunstancias todavía no superadas para la mayoría, imposible de rechazar. En las fotografía, aparezco visionando esta versión de "Titanic" por última vez, antes de desmontarla a tres núcleos para su envío a Berlín. Este positivo de IB Cinema de "Titanic" era el único en soporte cinematográfico que había de este título en España por lo que, desde el punto de vista archivístico, nuestra Patria pierde un material único que fuera sí saben valorar.  A los alemanes les interesó muy especialmente, según me dijeron, por la peculiaridad de su pista óptica (algo que en, en general, en los filmotecas españolas ni se percatan en estudiar)


 En esta versión nazi de "Titanic", el héroe es un oficial alemán, dechado de virtudes, que se atreve a enfrentarse al dueño de la White Star, la compañía armadora del trasatlático, un usurero que quiere lograr la marca de la travesía más rápida del Atlántico para especular con las acciones y que, para conseguirlo, no duda en sobornar al capitán Smith y poner en peligro la vida de los pasajeros. A lo largo del metraje queda claro que tanta fue la ambición del armador que, aparte de no dotar a la nave con suficientes botes salvavidas, no llevaban ni filamentos de repuesto para los focos ni siquiera bengalas rojas de emergencia. Una joya, esta versión: pena que se fue de España. Poco a poco, durante los últimos ochos años, van partiendo de La Coruña para el extranjero preciadas e insustituibles gemas. Mi único consuelo es que los compradores son o bien instituciones o bien coleccionistas que sí saben valorar sus nuevos tesoros cinematográficos.

 

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