domingo, 2 de octubre de 2016

¡BIEN HECHO, ADRIÁN!

Uno, que creció admirando a Ray Harryhausen, es un forofo de la animación intervalométrica mejor conocida bajo el barbarismo de stop motion.
Actualmente, el británico Aardman es el estudio con una producción más sólida y continuada, para cine y televisión,  en esta modalidad de animación, que consiste en mover fotograma a fotograma milimétricamente  miniaturas con acabados de orfebre (en general de látex y plastilina),  según unas pautas en las que hay que demostrar no sólo conocimiento tecnológico sino también maestría artística, amén de disponer de unos platós en condiciones, con iluminación, y talleres (nada que ver, pues, con la animación CGI, para lo que basta un par de ordenadores en una habitación).
Por añadidura,  los profesionales de la stop motion, como es una técnica lenta, deben sumar a sus talento artístico y técnico, otros virtudes, como la perseverancia y la paciencia: estamos hablando de procesos muy lentos, que pueden llevar años.

Uno de los principales hitos de la animación española, y desde luego de la gallega, fue cuando mi producción en stop motion "Minotauramaquia: Pablo en el laberinto", escrita y dirigida por ese genio que es Juan Pablo Etcheverry, venció en su propio país con la técnica de la que ellos son los referentes mundiales a la mismísima Aardman en el Festival de Bradford, organizado por el equivalente británico de nuestra Filmoteca Nacional. “Minotauromaquia” sigue dando alegrías y este mes ha vuelto a exhibirse en Nueva York (aunque en el chiringuito AGADIC no se enteren).

Aardman es, podría decirse, “la Meca” de los que valoramos la stop motion, una especie de paraíso que ha sido viable, en buena parte, debido al apoyo de la televisión británica. ¡Qué diferencia con España!, donde la stop motion es relegada a las catacumbas por ejecutivillos de tres al cuarto, nombrados a dedo por políticos a los que todo lo que no lleve la etiqueta de digital, en su ignorancia, les suena a antiguo.
En mis programas estivales de cine al aire libre los largometrajes en stop motion de Aardman forman siempre parte de la oferta: ¡qué éxito, hace unos añitos, con "La maldición de las verduras"! El público, si se le ofrece calidad, responde y valora.
Los cinéfilos españoles tenemos suerte pues toda la maravillosa producción de Aardman ha sido meticulosamente estudiada por Adrián Encinas, un ingeniero para el que la stop motion es la razón de su vida (a la par con su bonita familia), con el volumen "¡BIEN HECHO, GROMIT!", lujuriosamente editado en cuatricromia por una editorial muy interesante, Diábolo, que no deja de sorprendernos con sus libros especializados en animación.
El libro de Adrián,  repleto de información alguna de ella nunca antes publicada en nuestro idioma, es imprescindible no sólo para cualquier entusiasta de la animación, sino para entusiastas del cine o simples aficionados. Además, no es caro: por poco más de veinte euros, tapa dura, glamuroso papel y todo color integral.
Cuando visité los Estudios Aardman, en Bristol, hace unos años, quedé sorprendido al ver la cantidad de españoles que trabajaban allí. Por ello, mientras este fin de semana devoraba las páginas de “¡BIEN HECHO, GROMIT!”, echaba en falta un capítulo dedicado a la presencia española en Aardman, pero no, ¡no estaba olvidada!: el epílogo se ocupa de ello, redactado nada menos que por otro genio mundial de la stop motion, el inimitable SAM, de forma muy brillante y, además, con un emotivo recuerdo al bueno de Pascu, que trabajó en IB Cinema, inesperadamente fallecido de forma repentina hace unos meses.

"¡BIEN HECHO, GROMIT" se está vendiendo como panecillos calientes, así que ¡apuren!, amigos,  o se quedarán sin un libro que, por único en español, está llamado a convertirse en un ejemplar de colección.  

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