domingo, 28 de agosto de 2016

KUBO Y LAS DOS CUERDAS MÁGICAS: OBRA DE ARTE PARA EL PÚBLICO EQUIVOCADO.

Tengo que reconocer que entré en la sala para ver “Kubo y las dos cuerdas mágicas” con cierta prevención en contra de su director, Travis Knight, pues no me gustó como su padre, el todopoderoso millonario dueño de Nike, se hizo hace unos años, mediante subterfugios, con el control de los antiguos Estudios Will Vinton, antecesor de Laika Studios, ¡despidiendo a su fundador, el propio Vinton!, un nombre querido y respetado dentro del universo de la stop motion.

Sin embargo, conforme avanzaba la proyección, mi prevención por el trabajo de Travis Knight iba menguando y, al final, no me quedó más remedio que quitarme el sombrero: estamos ante una nueva obra de arte de animación en stop motion . La película es una golosina visual, con un dominio extraordinario de la escenografía (¡por eso se necesita un director de fotografía en las obras de stop motion!).

Como la publicidad de Universal no advierte que es una película de animación intervalométrica, el público general probablemente creerá que estamos ante una más de toda esa diarrea de largometrajes grabados como churros con unas cuantos ordenadores en un piso, y, por desconocimiento, no admirarán la delicadeza en los detalles de los animadores, dando movimiento a las figuras articuladas, que pueden ser tan pequeñas como una miniatura de origami, o más grandes que los animadores que las mueven. Cada plano implica rendir tributo a la maestría y paciencia sobrehumana de estos artistas del fotograma a fotograma a la hora de desplazar, con movimientos infinitesimales, los muñecos a través de terrenos azotados por una fuerte tormenta de nieve, un océano bravo o volando por el aire, y a la vez construir y dar vida a todos estos ambientes escenográficos.

En mi opinión, esta película es una firme candidata a los Oscar de este año. La única “pega” que le pongo es que la publicidad, amén del ya mencionado, e imperdonable, hecho de no indicar que se encuentra filmada en  stop motion (seguramente porque los ejecutivillos de marketing de Universal consideren esta técnica como una antigualla), enfoca la película para el público infantil, en lo que es un grave error, pues los más pequeños pasarán bastante miedo.

El público no debe perderse los créditos del final pues, además de estar también filmados de forma artesanal, como la película, pueden verse ciertas tomas del ingente trabajo multidisciplinar que implica una película en stop motion.
En resumen, mi recomendación más encarecida para cinéfilos, entusiastas del cine y familias con niños mayores de siete años. Tratándose de una película del hijo del dueño de Nike, creí que tendría que decir aquello de “zapatero a tus zapatos” (y nunca quedaría mejor empleada la expresión), pero no, Knight demuestra con sobresaliente su maestría (lo cual, no es óbice para que me siga pareciendo fatal la forma en que su papá despidió al fundador del estudio).
No había mucho público en la sala pero sí selecto: nada menos que la amiga, ganadora del Goya, María Arochena, con su aterrorizado hijo.
 

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