El Santo Grial de los objetivos de proyección para Súper-8 se dice que es el Kodak Ektar de 28 mm y luminosidad f 1.0, que incorporaba un proyector rara vez visto en Europa: el Kodak M100 de 1965. ¿Cómo es posible que sea mas nítido que objetivos de diseño posterior, ya calculados con computadoras y mejores revestimientos ópticos?
La razón es que es mucho mas sencillo fabricar objetivos de focal fija que no los de focal variable (vulgo, zoom) que popularizaron los proyectores de Súper-8. Bien es cierto que hay ciertos objetivos de focal variable de gran luminosidad de alta calidad para Súper-8, como el Elmo 1.0 12.5-30 mm, el Schneider 1.1 11-30 mm y el ultra raro Isco Vario Cinelux 1.1 11-30 mm (que vino con mi Fumeo 9145) , pero ningún zoom, ni siquiera los que componen esta triada divina, puede competir con el contraste y la imagen "plana", de esquina a esquina, de, por ejemplo, el Kern 23 mm f 1.1 o este Kodak Ektar f 1.0, el único que faltaba en mi programa de ópticas.
PERMUTA: KODAK M100 POR EUMIG 940 MULTIPROCESSOR.
Estas Navidades, el joven Alex López, montador y colorista en IB Cinema, tuvo la oportunidad de conseguir un Kodak M100 con su objetivo 1.0 en un orfelinato de su ciudad, tal y como fue relatado en esta bitácora: https://mimundoensuper-8.blogspot.com/2020/01/kodak-m100-felicidad-en-el-orfelinato.html
No usando este proyector para nada, y estando enamorado de uno de mis dos Eumig 940 Multiprocessor, decidió proponerme una permuta, que no tardé en aceptar: el Kodak M100 por el proyector cumbre de Eumig, el 940 Multiprocessor.
Tengo dos Multiprocessor, el mío original, que compré siendo un estudiante en Arpí de Barcelona, y que me ha acompañado durante todas estas décadas, y uno que adquirí hace unos diez años, para mi museo, a un entusiasta de la marca teutón en estado virginal y con muchas mejoras, como un bisinfin de bronce.
Aun con cierta pena, accedí al cambio pues el Ektar 1.0 representa, para mí, el final de décadas de búsqueda y, después de todo, el M100 es también un proyector histórico para el museo IB Cinema, en el que también estará mi 940 Multiprocessor original (cuando se restaure).
Ahora tengo que buscar la forma de adaptar el Ektar 1.0 al portaobjetivos de Fumeo o Beaulieu, pues el barrilete no respeta la normativa europea de los 32.5 mm de grosor.
Este intercambio sin injerencias del estado, en el que las dos partes hemos salido ganando, demuestra que no hay nada mejor que el libre mercado.
Blog dedicated to Super-8, a film gauge of more than half a century's old, which has a lot to say, both artistically and technically, in the midst of the digital age. OPINIONS ARE STRICTLY PERSONAL.
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lunes, 16 de marzo de 2020
jueves, 2 de enero de 2020
KODAK M100: FELICIDAD NAVIDEÑA EN EL ORFELINATO
Como cada Navidad, el joven Alex hace, de forma altruista, una proyección de cine en Súper-8 de dibujos animados clásicos de Derann Films en el orfelinato de su ciudad.
Este año, un viejo sacerdote, de mirada bondadosa, le contó que en el desván yacía, entre los trastos, un proyector de cine, creía recordar que ¡desde hace medio siglo! mas o menos, y que si podría hacer el favor de llevárselo pues necesitaban liberar el espacio de todos los cachivaches acumulados con el tiempo para la rehabilitación de la estancia.
Subiendo por una escalera angosta, con mortecinas bombillas que había que encender ¡¡¡(literalmente) con llaves!!! de la luz giratorias, entre telarañas, bajo un plástico, allí estaba, protegido por décadas de polvo lo que le pareció un Kodak Pageant de 16 mm.
La sorpresa fue cuando llegó a su casa y lo abrió: ¡era nada menos que un Kodak Instamatic M100!, el primer proyector para uso profesional de Súper-8 (presentado en 1965) y que nunca fue vendido en Europa: enhebrado manual, bobinas para 360 metros, lámpara de 150 W, sonido magnético, vúmetro analógico extra grande y el legendario objetivo 1.0 de 28 mm.
Al desmontar su interior para limpiarlo y engrasarlo la sorpresa fue mayúscula: ¡no llevaba poleas de goma! La tracción era íntegramente con cadenas. Y el sonido, ¡¡¡de válvulas!!! Nada de plástico en el chasis, ¡sino madera! ¿Funcionaría?
Tras dejar el mecanismo impecable (encontró el cadáver, momificado, de una araña de tamaño respetable), se fijó que había sido adaptado de 60 HZ a 50 HZ. Eso sí, la corriente era de 110 V. Con el transformador y la clavija adecuado, Alex lo enchufó a la red y el aparato funcionó a la primera, con un sonido valvular espectacular y, sorprendentemente, para una máquina con motor de corriente alterna y tracción con cadena, de forma ultrasilenciosa.
Esta mañana lo trajo a IB Cinema, y ¡vaya maravilla, amigos! Con posterioridad al M100, la mayor parte de proyectores se sofisticarían, innecesariamente, con electrónica compleja e, incluso, superfluos microprocesadores irreparables que, con los años, se convertirían en un terrible talón de Aquiles.
No se necesita nada de esta electrónica para proyecciones cinematográficas con gran calidad si lo que se pretende es la duración eterna del aparato: únicamente una buena mecánica, una buena óptica y amplificador a válvulas. Pero, ¿la longevidad interesa?
Felicidades a Kodak por fabricar tan extraordinaria máquina.
El siguiente reto es averiguar como esta máquina, que no se comercializó en España, acabó en un orfelinato de Galicia.
Este año, un viejo sacerdote, de mirada bondadosa, le contó que en el desván yacía, entre los trastos, un proyector de cine, creía recordar que ¡desde hace medio siglo! mas o menos, y que si podría hacer el favor de llevárselo pues necesitaban liberar el espacio de todos los cachivaches acumulados con el tiempo para la rehabilitación de la estancia.
Subiendo por una escalera angosta, con mortecinas bombillas que había que encender ¡¡¡(literalmente) con llaves!!! de la luz giratorias, entre telarañas, bajo un plástico, allí estaba, protegido por décadas de polvo lo que le pareció un Kodak Pageant de 16 mm.
La sorpresa fue cuando llegó a su casa y lo abrió: ¡era nada menos que un Kodak Instamatic M100!, el primer proyector para uso profesional de Súper-8 (presentado en 1965) y que nunca fue vendido en Europa: enhebrado manual, bobinas para 360 metros, lámpara de 150 W, sonido magnético, vúmetro analógico extra grande y el legendario objetivo 1.0 de 28 mm.
Al desmontar su interior para limpiarlo y engrasarlo la sorpresa fue mayúscula: ¡no llevaba poleas de goma! La tracción era íntegramente con cadenas. Y el sonido, ¡¡¡de válvulas!!! Nada de plástico en el chasis, ¡sino madera! ¿Funcionaría?
Tras dejar el mecanismo impecable (encontró el cadáver, momificado, de una araña de tamaño respetable), se fijó que había sido adaptado de 60 HZ a 50 HZ. Eso sí, la corriente era de 110 V. Con el transformador y la clavija adecuado, Alex lo enchufó a la red y el aparato funcionó a la primera, con un sonido valvular espectacular y, sorprendentemente, para una máquina con motor de corriente alterna y tracción con cadena, de forma ultrasilenciosa.
Esta mañana lo trajo a IB Cinema, y ¡vaya maravilla, amigos! Con posterioridad al M100, la mayor parte de proyectores se sofisticarían, innecesariamente, con electrónica compleja e, incluso, superfluos microprocesadores irreparables que, con los años, se convertirían en un terrible talón de Aquiles.
No se necesita nada de esta electrónica para proyecciones cinematográficas con gran calidad si lo que se pretende es la duración eterna del aparato: únicamente una buena mecánica, una buena óptica y amplificador a válvulas. Pero, ¿la longevidad interesa?
Felicidades a Kodak por fabricar tan extraordinaria máquina.
El siguiente reto es averiguar como esta máquina, que no se comercializó en España, acabó en un orfelinato de Galicia.
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