miércoles, 21 de septiembre de 2016

EL EXPRESO DE MEDIANOCHE: SU RESTAURACIÓN

En IB Cinema poseemos dos positivos de este imprescindible título. Uno de ellos, en 35 mm, desgraciadamente en stock Eastman pre-LPP, tiene los colores virados a marrón. El otro positivo es en 16 mm, en Kodak Eastman también, pero salido del laboratorio en 1987, a Dios gracias, en stock LPP, un tipo de película comercializado por Kodak desde principios de los ochenta (tras las presiones lideradas por Martin Scorsese), en el que los colorantes, si están bien revelados y conservados, pueden resistir el paso del tiempo durante décadas, sino siglos, como si hubiesen abandonado el laboratorio el día anterior.

Cada vez que menciono el acrónimo LPP en alguna de mis charlas sobre preservación siempre hay algún aspirante a archivista que me pregunta su significado:  "Lowfade Positive Print", o sea, "Copia positiva de bajo desvanecimiento".
Kodak era conocedora de la fórmula LPP (robada a AGFA, tras la caída del III Reich),  pero, hasta las presiones de Martin Scorsese, no introdujo estas mejoras en sus películas para obligar a las distribuidoras a hacer nuevos positivos cada pocos años: de lo que se trataba era de facturar, no de conservar.

En general, la mayor parte de las copias en 35 mm se destruían tras acabar su vida comercial (excepto unas pocas unidades que, discretamente, pues era ilegal, acaban en manos de coleccionistas como Martin Scorsese), pero, por ejemplo, Walt Disney tenía la costumbre de guardar y repasar los positivos en mejor estado para reestrenar de nuevo cada nueva generación de niños (por ello, en vida de Walt Disney, la inmensa mayoría de positivos de sus clásicos se hicieron siempre con el sistema IB Technicolor que, independientemente de su extraordinario colorido y negros profundos, garantiza la pervivencia prácticamente eterna de los colorantes; tal vez sea menester aclarar aquí que no todos los positivos hechos en los laboratorios Technicolor eran en IB -de imbibición-, sino que muchos fueron tirados con stocks de copiado normales Eastman: pero esto es una historia para otro día).
Aparte de los coleccionistas y de Walt Disney, otros distribuidores muy perjudicados con la política de Kodak fueron las distribuidoras non theatrical y las de televisión (hasta mediados de los ochenta las películas, e incluso las series, se enviaban a las teledifusoras en soporte cinematográfico).
Las distribuidoras non theatrical (no comerciales) son aquellas que alquilaban sus películas (principalmente clásicos o títulos fuera de temporada) a salas de exhibición no comerciales, como filmotecas, cine-clubs, colegios, las fuerzas armadas,  trasatlánticos, etc ). Muchos de estos títulos, incluso para televisión, se distribuían en 16 mm.; como, por parte de las majors, muchos se vendían a los distribuidores regionales "por vida de copia", las de color, si estaban hechas con Kodak Eastman, ¡obligaba a comprar nuevas copias cada cinco u ocho años!, aunque su estado físico fuera bueno. 
El 16 mm es un paso maravilloso, que bien trabajado en laboratorio, y proyectado con aparatos de xenón, es capaz de proporcionar asombrosas imágenes de altísima calidad en pantallas de hasta 12 metros de ancho. Es ideal, el 16 mm, para las películas rodadas en formato académico; sin embargo, las anamórficas o panorámicas, se solían distribuir en lo que se denominaba "pan & scan", o sea, con el encuadre mutilado, seleccionado una parte del mismo para 1.37.
Ciertos títulos, sin embargo, por expreso deseo de su director y productor, sí que se distribuían en 16 mm en su correcto formato anamórfico (2.35 o 2.66) o panorámico (1.85): uno de ellos es el inolvidable "El expreso de medianoche".
Hace unos 25 años obtuve de Ray Courts un positivo en 16 mm de este clásico de los setenta, con pista óptica en español.
La última estación de televisión que emitió la película cortó todas las escenas "fuertes" y las guardó en una bobina adicional. ¡Me llevó dos laboriosas jornadas ir empalmando cada secuencia en su lugar! (las tomas censuradas eran a veces de unos pocos segundos), y, también, rehacer todos los empalmes de cinta adhesiva que habían cristalizado (por utilizar "celo" corriente y no el especial para cine, tipo Fujifilm, de poliéster, con adhesivo eterno).

En la medida de lo posible, también "oculté" los "topos" o "cue dots" de final de cada rollo, bárbaramente ¡hechos con una taladradora!, afortunadamente ocupando sólo un fotograma (de forma que tapados con cinta Fujifilm pintada de negro pasan totalmente desapercibidos en proyección).
El positivo, tenía alguna rayita negra aquí y allá: las eliminé, en el paso final, con el milagroso químico Filmrenew.

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