miércoles, 25 de enero de 2017

"EL SILENCIO" DE SCORSESE: HABRÍA PAGADO EL DOBLE POR DISFRUTARLA


 “El silencio”, de Martin Scorsese, es el tipo de películas de las que uno sale con la sensación de que el dinero invertido en la entrada ha merecido la pena: ¡habría pagado con gusto la tarifa completa! Me sorprendió, en esta su tercera semana,  ver la sala llena de público joven (si bien, tenían aspecto de alumnos de Fomento y, aunque ayer martes el precio era irrisorio, podrían haber elegido cualquier otra película: o sea, el boca/oreja funciona). Disfruté con cada uno de los encuadres del maestro, gloriosamente filmados con película de cine Kodak Vision, no mediante camaruchas digitales como la mayor parte del audiovisual, que no cine, español.

Martin Scorsese, Católico y que, durante su infancia, consideró hacerse sacerdote, narra la historia de la persecución religiosa que sufrió la Iglesia japonesa durante el siglo XVII. Hasta entonces, el Catolicismo,  se trataba  de una comunidad creciente, dado que, desde la llegada de San Francisco Javier hasta el momento que plasma la película, el país del sol naciente llegó a contar con trescientos mil Cristianos entre sus nativos. Sin embargo, los inquisidores locales, llegaron a la conclusión de que la Fe Verdadera y Universal era una creencia propia de otras naciones (¡citan a España!), no útil para su sociedad feudal, de forma que martirizaron  y asesinaron a los japoneses conversos, amén de torturar a los sacerdotes europeos. Entre ellos, se encontraba el Padre Ferreira, quien, según se desprende del relato, apostató y se convirtió al budismo para que no mataran a más japoneses Cristianos. Esta noticia sorprendió tanto a sus hermanos Jesuitas, que varios se ofrecieron voluntarios para viajar a Japón, encontrar al sacerdote renegado  y devolverlo a la Fe.
Con “El silencio” Scorsese  defiende, una vez más,  una vivencia privada de la Fe. Así, a medida que avanza el metraje, el sacerdote protagonista comprende las razones que han conducido al padre Ferreira a apostatar (evitar una matanza mayor), y, por ello, decide imitarlo. Por tanto, según la película, la mejor manera de sobrellevar un peligro es la rendición, el doblegamiento a las tiránicas imposiciones del perseguidor, que anhela precisamente el ostracismo de la Fe Cristiana, a favor del budismo.

Es la misma tesis que el cineísta mantuvo en “La última tentación de Cristo”, donde el mismísimo Hijo de Dios se cuestionaba el sentido del sufrimiento. Por esta razón, cuando este alcanzaba su paroxismo en la Cruz, imaginaba una existencia tranquila junto a una esposa y una familia tradicional, es decir, lejos de cualquier dolor causado por su convencimiento religioso. Tanto es así, que, cuando era asaltado por San Pablo, quien le proponía un compromiso mayor con el Padre, Jesús lo rechazaba y se refugiaba de nuevo en su vida reposada y normal, como el protagonista de “El silencio”. No obstante, y al margen de la blasfemia, el protagonista de aquella película, terminaba comprendiendo el sentido del dolor y de la redención, y, por ello, volvía a la Cruz, algo que ocurre en "El silencio".
Una película para reflexionar, de las que dejan huella, además de una delicia visual y narrativa. Mi recomendación más encarecida.

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