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martes, 31 de octubre de 2023

ANIMACIONES PERDIDAS DE SALVADOR GIJÓN, ¡ESTRENO EN FÍLMICO EN EL VII SELLIER FILM FESTIVAL!

¿Cómo es tan desconocida la figura de Salvador Gijón,  el creador cinematográfico que mantuvo, en España, el arte de la stop motion (animación con miniaturas) durante el pasado régimen? No sólo su figura es ignota, sino que la mayor parte de sus películas se encuentran perdidas mas allá, en algunos casos, de copias desvanecidas  o vídeos con una calidad muy deficiente. La importancia de la obra de Salvador Gijón sí que es valorada, entre otros,  por el experto en animación Adrián Encinas, quien, en su monumental obra "Historia del Cine de Animación Stop Motion Español", publicada por Desfiladero Ediciones, amén de estudiarla,  le dedica a Salvador Gijón la portada del libro. 

Salvador Gijón, en la portada del último libro de Adrián Encinas

Hace un par de años, el director y montador gallego Álex López, entusiasta de la animación stop motion, encontró en Francia dos películas en 16 mm de Salvador Gijón, que desde entonces custodia como tesoros, pues no se conserva nada parecido en España ni por parte de las instituciones ni de la familia. 


La noticia bomba es que Álex ha descubierto ¡¡¡otros 4 trabajos de Salvador Gijón!!! no en miserable vídeo, ¡¡¡sino en fílmico!!!  Estas películas, con la primera parte de su restauración culminada, se estrenarán, proyectadas CON PELÍCULA,  este diciembre en la VII EDICIÓN DEL SELLIER FILM FESTIVAL, una muestra centrada en la recuperación y que se diferencia de cualquier otro festival en que las títulos se proyectan no con medios videográficos, sino en fílmico.

Algunos dirán que el nuevo hallazgo de Álex López es fruto de la suerte. Pero, mas que azar, hay que hablar de la justa recompensa por un trabajo incansable durante lustros,  que muchas veces, de forma ingrata,  conduce a callejones sin salida, pese a invertir tiempo y efectivo en viajes.  No hace mucho, uno de sus contactos en una empresa de construcción, de origen gallego, pero implantada en todo el territorio nacional, le avisó por si le interesaba ir a echar un vistazo a lo que parecía material cinematográfico en un edificio que, fuera de Galicia, iban a rehabilitar... gratis, por supuesto, y pagándose él los gastos (sólo pueden entender este proceder aquellos poseedores de vocación verdadera).

Tras conducir por la noche, a primera hora de la mañana quedó con su amiga la aparejadora, quien le explicó que la reedificación del edificio, de finales del siglo XIX, construido sobre uno anterior,  implicaba demoler su interior pero manteniendo la fachada. La primera planta, parece ser,  había estado ocupada, durante décadas,  por una sociedad cultural, vinculada a uno de los miembros de las familia originalmente propietaria. Dicho club era en realidad una tapadera: su función verdadera fue la de centro de encuentro masónico, cuyos miembros se reunían de forma clandestina durante el franquismo. En el edificio, un secreto que le mostró la aparejadora dejó atónito a Álex: pegado al muro posterior de la primera planta que había sido la sede de esa sociedad sino secreta sí discreta, un tabique móvil, con un mecanismo de resorte, daba acceso a unas escaleras estrechísimas que descendían a un sótano mucho mas antiguo, con un ingenioso sistema de ventilación. ¡Nada menos que una sinagoga clandestina!, con su propia mikveh medieval usada por los judíos para su rituales. Pero, tal vez, lo mas insólito es que las instalaciones se encontraban a pocos metros del piso que había ocupado, hasta los años setenta del pasado siglo,  la extinta Guardia de Franco y muy cerca de lo que había sido la delegación provincial del Movimiento, actualmente un edificio gubernamental. Aunque nadie, en ninguno de esos organismos,  podía ver a judíos ni masones ¡los tenían a sus puertas!, como quien dice. 

Asombrosos secretismos aparte, en la primera planta de la construcción a reedificar, a un lado de la librería, la cineteca de la sociedad albergaba unas cincuenta bobinas en distintos pasos cinematográficos, principalmente en 16 mm.  A cambio de la catalogación y evaluación de todo el material (algún positivo presentaba síndrome de vinagre avanzado), Álex pidió una pequeña recompensa: quedarse con cuatro bobinas que le interesaban mucho. ¿Qué contenían estas bobinas? ¡¡¡Cuatro películas de Salvador Gijón, consideradas perdidas!!! (al menos, en este estado tan bueno). La entrega no fue inmediata, empero. Álex regresó a Galicia y tuvo que preparar un informe con todo el material fílmico encontrado. Una vez entregado a su amiga de la empresa constructora,  tras una espera que se hizo eterna,  Álex recibió por mensajería las ansiadas cuatro bobinas.

A ello, siguió un proceso de restauración, en el laboratorio de IB Cinema, en una dedicada labor cinéfila no exenta de suprema excelencia técnica, con ingeniosas soluciones únicas en España: primero, reparación de piquetes, empalmes y roturas; después, rejuvenecimiento químico del soporte de triacetato y eliminación de hongos; por último, recuperación de parte del color perdido mediante el tratamiento químico substractivo O.R.S., desarrollado en Bolonia por Alberto Vangelisti y Marco Emiliani, en versión abreviada. 

Tras el estreno de este material histórico restaurado en la inminente VII edición del Sellier Film Festival, en diciembre de 2023,  Álex lo enviará a Italia para su tratamiento definitivo en laboratorio con su inmersión en todos los baños del O.R.S. Pero, mientras tanto, los coruñeses vamos a ser los únicos de España que podamos deleitarnos con estas cuatro obras de arte de Salvador Gijón en condiciones dignas fruto de la primera fase de la restauración, ¡¡¡y fílmicamente!!!, no en digimerde.  Desde luego, una "restauración" digital es empresa mucho mas sencilla, pero eso lo dejamos para otros: lo que hacemos, en La Coruña y Bolonia, es superar un reto con éxito, manteniendo los positivos originales en condición de ser proyectados tal y como fueron concebidos.  ¡No se lo pierdan, amigos! La entrada es gratuita, pero el aforo será limitado.  


domingo, 2 de octubre de 2016

¡BIEN HECHO, ADRIÁN!

Uno, que creció admirando a Ray Harryhausen, es un forofo de la animación intervalométrica mejor conocida bajo el barbarismo de stop motion.
Actualmente, el británico Aardman es el estudio con una producción más sólida y continuada, para cine y televisión,  en esta modalidad de animación, que consiste en mover fotograma a fotograma milimétricamente  miniaturas con acabados de orfebre (en general de látex y plastilina),  según unas pautas en las que hay que demostrar no sólo conocimiento tecnológico sino también maestría artística, amén de disponer de unos platós en condiciones, con iluminación, y talleres (nada que ver, pues, con la animación CGI, para lo que basta un par de ordenadores en una habitación).
Por añadidura,  los profesionales de la stop motion, como es una técnica lenta, deben sumar a sus talento artístico y técnico, otros virtudes, como la perseverancia y la paciencia: estamos hablando de procesos muy lentos, que pueden llevar años.

Uno de los principales hitos de la animación española, y desde luego de la gallega, fue cuando mi producción en stop motion "Minotauramaquia: Pablo en el laberinto", escrita y dirigida por ese genio que es Juan Pablo Etcheverry, venció en su propio país con la técnica de la que ellos son los referentes mundiales a la mismísima Aardman en el Festival de Bradford, organizado por el equivalente británico de nuestra Filmoteca Nacional. “Minotauromaquia” sigue dando alegrías y este mes ha vuelto a exhibirse en Nueva York (aunque en el chiringuito AGADIC no se enteren).

Aardman es, podría decirse, “la Meca” de los que valoramos la stop motion, una especie de paraíso que ha sido viable, en buena parte, debido al apoyo de la televisión británica. ¡Qué diferencia con España!, donde la stop motion es relegada a las catacumbas por ejecutivillos de tres al cuarto, nombrados a dedo por políticos a los que todo lo que no lleve la etiqueta de digital, en su ignorancia, les suena a antiguo.
En mis programas estivales de cine al aire libre los largometrajes en stop motion de Aardman forman siempre parte de la oferta: ¡qué éxito, hace unos añitos, con "La maldición de las verduras"! El público, si se le ofrece calidad, responde y valora.
Los cinéfilos españoles tenemos suerte pues toda la maravillosa producción de Aardman ha sido meticulosamente estudiada por Adrián Encinas, un ingeniero para el que la stop motion es la razón de su vida (a la par con su bonita familia), con el volumen "¡BIEN HECHO, GROMIT!", lujuriosamente editado en cuatricromia por una editorial muy interesante, Diábolo, que no deja de sorprendernos con sus libros especializados en animación.
El libro de Adrián,  repleto de información alguna de ella nunca antes publicada en nuestro idioma, es imprescindible no sólo para cualquier entusiasta de la animación, sino para entusiastas del cine o simples aficionados. Además, no es caro: por poco más de veinte euros, tapa dura, glamuroso papel y todo color integral.
Cuando visité los Estudios Aardman, en Bristol, hace unos años, quedé sorprendido al ver la cantidad de españoles que trabajaban allí. Por ello, mientras este fin de semana devoraba las páginas de “¡BIEN HECHO, GROMIT!”, echaba en falta un capítulo dedicado a la presencia española en Aardman, pero no, ¡no estaba olvidada!: el epílogo se ocupa de ello, redactado nada menos que por otro genio mundial de la stop motion, el inimitable SAM, de forma muy brillante y, además, con un emotivo recuerdo al bueno de Pascu, que trabajó en IB Cinema, inesperadamente fallecido de forma repentina hace unos meses.

"¡BIEN HECHO, GROMIT" se está vendiendo como panecillos calientes, así que ¡apuren!, amigos,  o se quedarán sin un libro que, por único en español, está llamado a convertirse en un ejemplar de colección.