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lunes, 8 de junio de 2026

ZC1000N NOTEBOOKS: NEW SIDE PLATES. Cuadernos de la ZC1000N: nuevas placas laterales.

(En español, al final)

As the years go by, even the finest cameras inevitably show signs of age. These are rarely mechanical failures or optical issues, but rather small cosmetic details that reveal the long and active life of a well-used and well-loved machine. One such detail is the identification plates, originally attached with adhesives that eventually lose their effectiveness after several decades.

In the case of my Fujica ZC1000N, the plates had not actually come loose. However, after thousands of cartridges filmed in every imaginable climate, from scorching deserts to polar regions, the original side plates had become scratched and dented. This presented the classic dilemma familiar to collectors and users alike: restore the camera exactly as it left the factory, or take the opportunity to introduce a practical improvement.


Since this is a working camera rather than a museum piece, I chose the latter option.

The original plates, bearing Fujifilm’s classic elliptical logo of the 1970s, were replaced with new metal plates finished in satin black with metallic lettering. One reads “Fujifilm ZC1000N” alongside the film-plane reference mark, while the other proudly states “Motion Picture Film Camera”.

At first glance, this may appear to be a purely cosmetic modification. In reality, however, it has proved surprisingly useful. Today, very few people have ever seen a Single-8 or Super-8 camera in operation. The ZC1000N also has a distinctly professional appearance and emits a unique mechanical sound while running, which inevitably attracts attention.


For years, passers-by would frequently stop to ask what kind of camera I was using. Now, a quick glance at the side plates answers the question immediately. Upon reading “Motion Picture Film Camera”, people instantly understand what they are looking at and allow me to continue filming without interruption.

Replacing the plates proved rather more laborious than expected. Removing the originals required patience, but the real challenge lay in eliminating the hardened adhesive residue left behind after decades attached to the metal body.

To clean the surfaces, I first used carefully controlled applications of acetone, taking great care to avoid any plastic components, followed by Zippo lighter fluid applied slowly and patiently until every trace of residue had disappeared. As is often the case in restoration work, the visible part takes only minutes; the invisible part takes hours. Yet few things are as satisfying as seeing the finished result.


Although I generally avoid using isopropyl alcohol when servicing vintage motion-picture equipment, especially when plastics, rubber parts or delicate finishes are involved, in this particular case I performed a final IPA cleaning before attaching the plates. The surface was entirely metallic and intended to receive a high-performance industrial adhesive. This final step removes any remaining oily residues and helps achieve maximum adhesion. Furthermore, the original paint finish of the ZC1000N has proven remarkably durable. After nearly half a century of professional use, it may show the occasional scratch, but it continues to withstand the passage of time admirably.

Once the surfaces were fully prepared, the next challenge was ensuring that the new plates would never come loose again. After considering various mounting methods, I selected 3M 467MP industrial double-sided adhesive tape, arguably one of the finest solutions available for this type of precision work.

Its main advantage is its extraordinary thinness. At only a few hundredths of a millimetre thick, it allows the plates to sit perfectly flush with the camera body, preserving the original factory appearance. It is also highly resistant to humidity, extreme temperature changes and decades of continuous use. Experience has taught me to trust both 3M adhesives and the higher-end products from Tesa.

There is, however, a small trick that greatly simplifies the job. Instead of applying the tape first and trimming it afterwards directly on the camera —with the obvious risk of scratching the body, which is exactly what I did— I believe it is far better to attach the plate to the tape while the backing paper is still in place and then trim the outline using a sharp modelling knife. This produces a perfectly clean and professional profile without adhesive protruding from the edges.

Once positioned and firmly pressed into place, the plates are immediately secure, although the adhesive continues to gain strength over the following seventy-two hours.

The final result has exceeded my expectations. The camera retains all of its classic personality while gaining a slightly more contemporary and professional appearance. It is rather remarkable that a machine designed more than half a century ago can still look thoroughly modern when given a little attention.

After all, the Fujica ZC1000N was never an ordinary camera. And perhaps that is why even seemingly minor details such as a pair of side plates eventually become part of its story.

FUJICA ZC1000N: NUEVAS PLACAS LATERALES.

Con el paso de los años, incluso las mejores cámaras terminan acusando el inevitable desgaste del tiempo. No suele tratarse de averías mecánicas ni de problemas ópticos, sino de pequeños detalles estéticos que revelan la larga vida de una máquina utilizada y querida. Uno de ellos son las placas identificativas, fijadas originalmente mediante adhesivos que, después de varias décadas, acaban perdiendo sus propiedades.

En mi Fujica ZC1000N no llegaron a despegarse pero, tras miles de cartuchos filmados en todo tipo de condiciones climáticas, desde desiertos abrasadores hasta las regiones polares, las placas laterales originales se encontraban ya rozadas y abolladas. Se abría así una disyuntiva habitual entre coleccionistas y usuarios: restaurar respetando escrupulosamente la configuración original o aprovechar la ocasión para introducir alguna mejora.

En este caso, tratándose de una cámara de trabajo y no de una pieza de colección, opté por la segunda alternativa.

Las placas originales, con el clásico logotipo elíptico de Fujifilm propio de los años setenta, fueron sustituidas por otras nuevas, también metálicas, acabadas en negro satinado y con letras metalizadas. En una de ellas figura la inscripción "Fujifilm ZC1000N", acompañada de la marca indicadora del plano focal de la película; en la otra puede leerse "Motion Picture Film Camera".

A primera vista podría parecer un simple capricho estético, pero en realidad la modificación tiene una utilidad práctica considerable. Hoy en día la inmensa mayoría de las personas jamás ha visto una cámara Single-8 o Súper-8 en funcionamiento. La ZC1000N, además, posee una apariencia singularmente profesional y emite un sonido mecánico muy característico al rodar, por lo que suele atraer la curiosidad de quienes se encuentran cerca.

Durante años, era frecuente que alguien se aproximase para preguntarme qué clase de cámara estaba utilizando. Ahora basta una rápida mirada a las placas laterales para que la respuesta quede perfectamente clara. Al leer "Motion Picture Film Camera", los curiosos comprenden inmediatamente que se encuentran ante una auténtica cámara cinematográfica y me permiten continuar trabajando sin interrupciones.

La sustitución de las placas resultó más laboriosa de lo que podría parecer. Extraer las originales exigió bastante paciencia, pero lo más complicado fue eliminar completamente los restos del adhesivo envejecido. Después de décadas adherido al metal, aquel pegamento había adquirido una consistencia extraordinariamente resistente.

Para la limpieza recurrí primero a pequeñas aplicaciones de acetona cuidadosamente controladas, procurando no tocar en ningún momento ninguna goma de la cámara, y posteriormente a bencina Zippo, utilizada con paciencia y sin prisas hasta conseguir una superficie completamente limpia. Como siempre ocurre en restauración, el trabajo visible ocupa apenas unos minutos; el invisible, varias horas. Pero, una vez terminado, ¡cómo se disfruta contemplando el resultado final!

Habitualmente evito el uso de alcohol isopropílico en tareas de mantenimiento de equipos cinematográficos clásicos, especialmente cuando intervienen plásticos, gomas o superficies delicadas. Sin embargo, en este caso concreto realicé una limpieza final con IPA antes del pegado, ya que se trataba de una superficie metálica destinada a recibir un adhesivo industrial de alta resistencia. De este modo se eliminan los últimos restos grasos o aceitosos y se favorece la máxima adherencia posible. Por otra parte, la pintura original de la ZC1000N ha demostrado ser extraordinariamente resistente. Después de casi medio siglo de uso profesional puede presentar alguna marca o arañazo, pero sigue soportando admirablemente el paso del tiempo.

Una vez preparadas las superficies, la cuestión fundamental era garantizar que las nuevas placas no volvieran a despegarse jamás. Tras valorar distintos sistemas de fijación, opté por la cinta adhesiva de doble cara industrial 3M 467MP, probablemente una de las mejores soluciones disponibles para este tipo de trabajos de precisión.

Su principal ventaja es su extraordinaria delgadez. Con apenas unas centésimas de milímetro de espesor, permite que las placas queden perfectamente enrasadas con el cuerpo de la cámara, reproduciendo el aspecto original de fábrica. Además, soporta sin dificultad la humedad, las variaciones extremas de temperatura y décadas de uso continuado. Y la experiencia me ha enseñado a confiar plenamente en los adhesivos de 3M, así como en los de gama alta de Tesa.

Existe, sin embargo, un pequeño truco que facilita enormemente el trabajo. En lugar de pegar primero la cinta y recortarla después sobre la cámara  (con el consiguiente riesgo de rayar la superficie, que fue precisamente lo que yo hice), creo que resulta mucho más eficaz adherir inicialmente la placa sobre la cinta todavía protegida por su soporte de papel y recortar posteriormente el contorno con un bisturí de modelismo perfectamente afilado. De este modo se obtiene una silueta exacta, limpia y profesional, sin que el adhesivo sobresalga por los bordes.

Una vez colocadas y presionadas firmemente, las nuevas placas quedan sujetas de inmediato, aunque el adhesivo continúa aumentando progresivamente su fuerza durante las siguientes setenta y dos horas.

El resultado final ha superado ampliamente mis expectativas. La cámara conserva intacta su personalidad clásica, pero adquiere al mismo tiempo una apariencia ligeramente más contemporánea y profesional. No deja de resultar curioso que una máquina diseñada hace mas de medio siglo continúe viéndose plenamente actual cuando se le presta un poco de atención.

Como la Fujica ZC1000N nunca ha sido una cámara cualquiera, incluso detalles aparentemente menores como unas simples placas laterales terminan formando parte de su historia.

viernes, 22 de mayo de 2026

ZC1000N NOTEBOOKS: NEW SIDE PLATES. Cuadernos de la ZC1000N: nuevas placas laterales.

(Versión en español, al final).

At -35 degrees Celsius, in Antarctica

In 1978, just before entering the Universidad Autónoma de Barcelona to study Journalism, I wrote an exhaustive technical review of the then almost mythical Fujica ZC1000, an analysis so extensive and passionate that it was even announced on the magazine’s front cover. 

My full test report published both in Cinema 2002 and Nueva Lente

The article, first published in Cinema 2002, had an unexpected impact for someone who had not yet even reached legal adulthood. Such was its reception that, in April 1980 —with me already attending university— Nueva Lente republished it, once again highlighted on its cover. In those years, influenced by my youthful Catalanophilia, I occasionally signed my articles as Ignacio Benedetch Corzo rather than Ignacio Benedeti Corzo.

My sister Susana

After the first article appeared in Cinema 2002, Mr. Mampel —Don Manel Mampel— sent a letter of gratitude to the editorial group for which I worked, so in January 1980, already living in Barcelona at the Hall of Residence Sant Jordi, I personally visited him at his offices on Aragón Street, number 180.

Letter from Mr. Mampel

Mr. Mampel, second generation of the historic Mampel Asens family company, then Fujifilm’s importer in Spain, was not merely a businessman from that refined and now nearly vanished Barcelona bourgeoisie, marked by exquisite manners and absolute respect for one’s word; he was also a genuine enthusiast of photographic and cinematic technology. When a young journalism student began detailing in the pages of Cinema 2002 and Nueva Lente the extraordinary virtues of a camera as advanced —and as outrageously expensive for its time— as the Fujica ZC1000, Mr. Mampel immediately understood the importance of that analysis.


The publisher crediting my name and my pseudonyms

Far from simply archiving the press clipping, he took the gesture —almost unimaginable today— of personally writing that letter of gratitude, still preserved in the IB Cinema archives, and receiving me in his magnificent office on Aragón 180, where he directly thanked me for the considerable increase in sales which, as he confessed, had resulted from the article. As the culmination of that relationship, months later he presented me with the very first Fujica ZC1000N unit to arrive in Spain.

In Antarctica (S8 frame)

It was not a factory-fresh camera, but rather a demonstration and exhibition unit previously used by Mampel Asens, although its condition was beyond immaculate. Before handing it over to me, it had been fully recalibrated by the official technical service, its speed adjusted with absolute precision and its viewfinder perfectly aligned. That ZC1000N would accompany me for decades of filmmaking, both personal and professional.

ZC1000N: over the top!

With it, I have filmed literally thousands of cartridges, from the scorching deserts of Africa, under temperatures above forty-five degrees Celsius, to some of the harshest places on Earth, such as the Taylor Dry Valley in Antarctica, enduring temperatures approaching forty below zero —all without a single malfunction, despite impacts, salt spray and snowstorms, its mirror shutter moving up and down not hundreds of thousands of times, but millions. It is impossible not to smile when comparing such a record with certain Super-8 cameras manufactured today in Canada, whose warranty barely covers twenty-six cartridges! That fact alone speaks volumes about the genius of the camera’s designer, the great Shigeo Mizukawa, still alive today, whom I had the honor of meeting a few years ago in Tokyo.

My interview to Shigeo Mizukawa was published by British and German magazines

Nevertheless, after nearly half a century of flawless service, I decided to retire it from extreme expeditions. Not because it had ever shown the slightest sign of weakness, but precisely out of respect for a machine that had faithfully accompanied me throughout an entire cinematic lifetime and did not deserve to end its days failing in some remote corner of the planet. Eventually, I gave it to my friend Álex, so that it might now enjoy a sort of peaceful retirement, far away from polar ice and ocean storms.

My ZC1000N in Greenland 2011, with massive Iscorama 54 anamorphic

For years, during my most extreme journeys, I always carried a second ZC1000N as backup, “just in case”, although I never actually needed it. And it will continue to serve as my “second unit”, because at IB Cinema I have preserved another example, purchased brand new and stored in its original box since 1989, around the same time Fujifilm finally absorbed Mampel Asens. After decades silently awaiting its moment, its time has finally come.



After preventive lubrication, I decided to replace the original side plates —bearing Fujifilm’s classic elliptical logo— with custom ones engraved “Fujifilm ZC1000N Motion Picture Film Camera”, exactly as I had done years ago on my other main unit. 

Removing the original plates

It may seem like a minor detail, but it has undeniable practical value: the camera attracts enormous attention, both because of its industrial design and because of the delicate and refined mechanical sound it emits while running, so people approaching it immediately understand that it is a genuine motion picture camera and no longer interrupt me with endless questions while I work.

ZC1000N ready for new plates

The operation itself, however, proved far more laborious than expected. Removing the original plates was not easy, but eliminating the hardened adhesive residue left behind after decades attached to the metal was even more difficult. In the end, I managed to clean it first using acetone and then, with infinite patience, successive small applications of Zippo lighter fluid, until the camera body recovered a completely clean and uniform finish.

(To be continued)

Greenland

CUADERNOS DE LA ZC1000N: NUEVAS PLACAS LATERALES

En 1978, justo antes de ingresar en la Universidad Autónoma de Barcelona para cursar Ciencias de la Información, redacté un minucioso banco de pruebas de la entonces casi mítica Fujica ZC1000, un análisis tan extenso y apasionado que llegó incluso a ser anunciado en portada. Aquel artículo, publicado inicialmente en Cinema 2002, tuvo una repercusión inesperada para alguien que todavía no había alcanzado siquiera la mayoría de edad. Tal fue su acogida que, en abril de 1980 —conmigo ya en la universidad— Nueva Lente volvió a publicarlo, nuevamente destacado en portada. En aquella época, dada mi catalanofilia juvenil, a veces firmaba como Ignacio Benedetch Corzo en lugar de Ignacio Benedeti Corzo.

Tras la publicación del primer artículo en Cinema 2002, el señor Mampel, don Manel Mampel, remitió una carta de agradecimiento a la redacción del grupo editorial para el que yo trabajaba, así que, en enero de 1980, ya instalado en Barcelona en el Colegio Mayor Sant Jordi, acudí personalmente a visitarlo a sus oficinas de la calle Aragón número 180.

El señor Mampel, segunda generación del histórico grupo familiar Mampel Asens, entonces importador de Fujifilm en España, no era únicamente un empresario de aquella refinada y ya casi desaparecida burguesía barcelonesa, caracterizada por una cortesía exquisita y un respeto absoluto por la palabra dada; era, además, un auténtico apasionado de la técnica fotográfica y cinematográfica. Cuando un joven estudiante comenzó a desgranar en las páginas de Cinema 2002 y Nueva Lente las extraordinarias virtudes de una cámara tan avanzada y tan desmesuradamente cara para la época como la Fujica ZC1000, el señor Mampel comprendió perfectamente el alcance de aquel análisis.

Lejos de limitarse a archivar el recorte de prensa, tuvo el detalle —hoy prácticamente inimaginable— de escribir personalmente aquella carta de agradecimiento, conservada todavía hoy en los archivos de IB Cinema, y recibirme en su magnífico despacho de Aragón 180 para, además, agradecerme directamente el importante incremento de ventas que, según me confesó, habían experimentado gracias al artículo. Como culminación de aquella relación, meses después me obsequió con la primera unidad de la Fujica ZC1000N llegada a España.

No era una cámara nueva de almacén, sino una unidad utilizada por Mampel Asens para demostraciones y exposiciones, aunque su estado resultaba mejor que impecable, pues, antes de entregármela, había sido nuevamente colimada en el servicio técnico oficial, ajustada con precisión absoluta en velocidad y con el visor perfectamente centrado. Esta ZC1000N me acompañaría desde entonces durante décadas enteras de filmaciones, tanto personales como profesionales.

Con ella he rodado literalmente miles de cartuchos, desde los abrasadores desiertos africanos, bajo temperaturas superiores a los cuarenta y cinco grados, hasta algunos de los lugares más extremos del planeta, como el Valle Seco de Taylor, en la Antártida, soportando temperaturas próximas a los cuarenta grados bajo cero; todo ello sin la menor avería jamás, pese a golpes, salitre y nevadas, con su obturador de espejo subiendo y bajando no cientos de miles de veces, sino millones. Resulta inevitable sonreír al comparar semejante historial con ciertas cámaras de Súper-8 producidas hoy en día en Canadá, cuya garantía apenas cubre ¡veintiséis cartuchos! Ello habla por sí solo de las excelencias del diseñador de la cámara, el gran Shigeo Mizukawa, todavía vivo, a quien tuve el honor de conocer hace unos años en Tokio.

Sin embargo, tras casi medio siglo de servicio irreprochable, decidí retirarla de las expediciones extremas. No porque hubiese dado jamás señal alguna de fatiga, sino precisamente por respeto hacia una máquina que me había acompañado fielmente durante toda una vida cinematográfica y que no merecía terminar averiada en alguna localización remota del planeta. Finalmente, se la regalé a mi amigo Álex, para que disfrute ahora de una suerte de jubilación tranquila, lejos de los hielos polares y de las tormentas oceánicas.

Durante años, en mis viajes más extremos, llevaba siempre una segunda ZC1000N de reserva, “por si las moscas”, aunque nunca llegué a necesitarla realmente. Y seguirá siendo “segunda unidad”, pues en IB Cinema custodio otra unidad adquirida nueva y conservada desde 1989 en su caja original, justo en la época en que Fujifilm absorbió definitivamente a Mampel Asens. Tras décadas aguardando silenciosamente su momento, ha llegado finalmente su hora.

Después del engrase preventivo, decidí sustituir las placas laterales originales, con el clásico logotipo elíptico de Fujifilm, por otras personalizadas con la inscripción “Fujifilm ZC1000N Motion Picture Film Camera”, exactamente igual que había hecho años atrás en mi otra unidad principal. Puede parecer un detalle menor, pero tiene una utilidad práctica indiscutible: la cámara llama muchísimo la atención, tanto por su diseño como por el leve y refinado sonido mecánico que emite al rodar, de modo que quienes se acercan a observarla comprenden inmediatamente que se trata de una auténtica cámara cinematográfica y no me interrumpen constantemente con preguntas mientras trabajo.

La operación, sin embargo, resultó bastante más laboriosa de lo previsto. Extraer las placas originales no fue sencillo, pero aún más complicado resultó eliminar completamente los restos del adhesivo antiguo, endurecido tras décadas adherido al metal. Finalmente, logré limpiarlo utilizando primero acetona y, después, con infinita paciencia, pequeñas aplicaciones sucesivas de bencina Zippo, hasta devolver al cuerpo de la cámara un acabado completamente limpio y uniforme.

(Continuará)

jueves, 15 de enero de 2026

MY WORKING ZC1000Ns

I´m currently reorganising the HAL9000 room in my professional Studio, a space dedicated not to nostalgia, but to tools that are still very much alive and working. The first step in this quiet reordering has been a simple but meaningful gesture: bringing together, on two shelves of a glass cabinet, the two Fujica ZC1000N cameras that I actively use for professional work, along with the accessories that truly belong to them.

Not everything I own, but everything I use.

At the heart of this small ecosystem are three ZC1000N camera bodies, one of them disassembled as spare. Each is paired with its original Fujinon optics: the legendary Fujinon EBC f/1.8 7.5–75 mm zoom, with macro capability at any focal length, and the equally remarkable Fujinon EBC f/1.8 5.5 mm ultra-wide, also with macro, a lens that still feels audacious today.

ZC1000N: a system camera by Shigeo Mizukawa

Around these originals gravitate the lenses and accessories that, over the years, have transformed the ZC1000N into something closer to a modular optical laboratory than a mere S8 camera.

Among them:

  • Two Leitz Cinegon 10 mm lenses,

  • One Leitz Cinegon paired with an Iscorama 36 anamorphic,

  • A Pentax f/1.0 8–48 mm with Iscorama 42,

  • An Iscorama 54 Multicoated,

  • An uncoated Iscorama 54, kept precisely because it flares more,

  • A Soviet grip (I use it when I have little space on helicopters or submarines),

  • A Century 3.5 mm extreme wide-angle,

  • Several large-diameter wide-angle converters specifically chosen to work with anamorphics,

  • Original Fujifilm C-mount adapters to virtually every major photographic and cine lens system.

In Taylor Valley in Antarctica, at 77°37′S 163°00′E, at -35º Celsius. ZC1000N
is here with the Fujinon 5.5 mm and the Soviet grip for helicopter


Then come the devices that reveal the ZC1000’s true vocation as a camera built for serious film making:

  • A manual Fujifilm hand-crank,

  • Two slow-exposure devices,

  • Three Fujifilm intervalometers,

  • Two self-timers,

  • Extension tubes,

  • Eyepiece dioptre-correction Fujifilm lenses, pushing the original limits of the finder,

  • A Fujifilm microscope adapter,

  • A Fujifilm telescope adapter.



ZC1000N in the Antarctic

And then, the optics that defy expectations in a format often dismissed as “small”:

  • A Schneider f/0.95, coupled with a Canon wide-angle converter,

  • A Fujinon EBC ultra-macro, equivalent to 350 mm,

  • A Fujinon EBC zoom matching the camera’s original zoom lens size, but functioning as an ultra-telephoto equivalent to 500–1000 mm,

  • A Fujinon EBC ultra-tele zoom equivalent to 350–1800 mm,

  • Another ultra-tele Fujinon EBC equivalent to 500–1300 mm, opening to f/3.8,

  • And a remarkably lightweight ultra-tele Fujinon EBC, equivalent to 550–1400 mm.


Other accessories  (sound-sync devices, external battery compartments, and lenses of more occasional use, including a  super-tele equivalent to 6500 mm) remain stored in a separate room. They exist, but they are not part of the daily conversation.

This cabinet is not a display. It´s a working constellation.

Each item here has earned its place by being used, tested, repaired, combined, and trusted. Together, they form a reminder of what the Fujica ZC1000N, the camera system designed by my friend Shigeo Mizukuwa,  really is: not just the most advanced 8 mm type S camera ever built, but a platform conceived with an openness that still invites discovery half a century later.

More updates will follow.

Cine Assist, ICE model,  for sync sound in very low temperatures

If you would like to see the vast world of creative possibilities with Super-8 products, please click here: Pro 8mm

jueves, 18 de enero de 2024

PERFECTA LOCURA ANTÁRTIDA: ZC1000N 1974-2024, CINCUENTA AÑOS DE VICTORIAS

¿Quiere conocer todos los detalles sobre la cámara que se enfrentó a los elementos más hostiles de la Antártida, medio siglo después de haber sido introducida? ¡Acompáñenos en este viaje cinematográfico único con la Fujica ZC1000N como la heroína indiscutible de "Perfecta Locura Antártica"!

ZC1000: 50 años de Victorias

El tercer largometraje fílmico de la serie Stop Calentamiento Global, Perfecta Locura Antártica, lo rodé en el continente de la desolación durante un periodo largo, de algo mas de un mes, a veces con temperaturas de -35 grados Celsius, hollando coordenadas tan hostiles como 77º 31´47S, en el Lago Vanda, en la zona de los Valles Secos.  ¿Qué cámara de cine llevé para aguantar semejante tute, en un lugar tan remoto y de clima tan extremo?

Hace un par de años publiqué en SilverGrain Classics (antes Photoklassik International), la lujosa revista de difusión global publicada en Alemania en idioma inglés, un artículo, de extraordinario éxito, sobre las mejores cámaras de Súper-8, "The league of Extraordinary Super-8 cameras", que son los que uso de forma regular: Bauer A512 Mark II; Beaulieu 4008; Beaulieu 7008 Pro, Beaulieu 9008 S (hecha en Alemania); Canon 1014 XLS; Leicina Special; Nikon R10; Nizo Professional; y, con cargador de Single8, pero mismo formato de 8 mm con perforación tipo S: Fujica ZC1000N (la diferencia estriba sólo en el cargador).

ZC1000N: el diseño inmortal de Shigeo Mizukawa

  • ¿Cuál fue la elegida para acompañarme a tan difícil prueba? ¿En cuál confié para trabajar en condiciones tan extremas y por qué? Alguna de mis exigencias fueron:

FIABILIDAD DE FUNCIONAMIENTO A -15º CELSIUS. El primer requisito es que la cámara funcionase a temperaturas extremadamente bajas. En mis pruebas a lo largo de años, las peores puntuadas, en este apartado, fueron la Canon 1014 XLS y las Beaulieu, que ya me habían dado sustos en el pasado incluso a temperaturas alrededor de los +2º C. Las mejores puntuadas, en mi experiencia de trabajo previa, son: la Nikon R10 (-5º C) , la Bauer A512 (-10º C), la Nizo Professional (-5º), la Leicina Special (-5º C) y la Fujica ZC1000 (-15º C sin problemas, pero llegué a usarla a -35 º C con filmación intermitente).

FILMACIÓN CON MANIVELA O MOTOR EXTERNO. Como uno nunca sabe, en la Antártida, ante que dificultad se puede topar, hay que estar preparado para cualquier eventualidad, incluso la de rodar a manivela, no tanto para emular a Herbert G. Ponting, el extraordinario camarógrafo en la expedición de Robert Scott, como por la previsión de que el frío extremo impida el funcionamiento de la electrónica en ciertas situaciones. Solo la Fujica ZC1000 permite acoplar una manivela de filmación manual, amén de motores exteriores concebidos para este fin u otros, como la exposición extremadamente lenta (con la que filmé una aurora boreal). Su manivela, permite dejar el obturador abierto para, tras desmontar el objetivo, proceder a su limpieza profunda (pues los pelos son siempre un problema en el cine de paso estrecho, muy especialmente en un caso como en este documental, en que necesité pasar la película de los cartuchos de Super-8 a Single-8).
Un barco ¡de hielo!

MONTURA INTERCAMBIABLE. Solo cuatro cámaras ofrecen esta prestación para mi uso indispensable: las dos Beaulieu, la Leicina Special y la Fujica ZC1000; las vencedoras son la Leicina Special y la Fujica ZC1000 por su extremadamente resistentes monturas capaces de aguantar de objetivos muy pesados (resulta menester aclarar que la Leicina emplea una bayoneta especial de la marca, mientras que en las Beaulieu, aunque llevan rosca C universal, hay bastantes objetivos que no se consiguen enfocar). En el caso de la ZC1000, una montura C verdaderamente compatible, ésta es, además, ¡de bronce!, como el gigante Talos. Para la ZC1000, adicionalmente a los dos objetivos originales, y un Leitz Cinegon de 10 mm, llevé un supertele Fujinon EBC con focales equivalentes, en paso universal de 35 mm, ¡de 500 a 1.350 mm!

OBTURADOR VARIABLE REGULABLE EN CUALQUIER POSICIÓN. Únicamente quedan descartadas la Leicina Special, cuyo obturador es fijo, y la Canon 1014 XLS, que sólo permite filmar en dos posiciones, 150 y 220 grados, amén de que es electrónico: la electrónica y el frío extremo no son buenos compañeros. El obturador variable es fundamental no sólo porque suelo filmar, para un fotograma mas nítido, a 120 ºC, sino que, en ocasiones, con la neblina antártica, y con película como la Ektachrome 7294, la única forma de reducir la luz sin filtros (que prefiero no usar) es con el obturador a 80º e incluso a 40º, con cuyas aperturas es como si estuviese disparando la de 100 ASA a 50 y 25 ASA respectivamente.

La ZC1000 en configuración helicóptero: miniempuñadura y miniobjetivo

ERGONOMÍA Y AGARRE. Como tenía previsto filmar cámara en mano la mayor parte de las veces, valoro mucho que mientras agarro con una mano la empuñadura y sujeto el objetivo con la otra, al mismo tiempo, pueda apoyarla firmemente en la frente. Solo la Bauer A512 y la Fujica ZC1000 puntúan en este categoría, siendo la vencedora la ZC1000 por la extrema ergonomía de su empuñadura, la disponibilidad de dos disparadores electromagnéticos y la dotación no con una, ni con dos, sino que nada menos que con tres roscas de trípode (¡hasta 4, en ciertos modelos!), una de ellas en la parte superior, muy útil en ciertas filmaciones especiales con las que se topa un documentalista que trabaja como un lobo solitario.

ZC1000: garfio de arrastre doble bajo ventanilla, no antes.

SUPREMA ESTABILIDAD DE IMAGEN.
La ZC1000N proporciona una estabilidad de imagen inalcanzable para cualquier Súper-8 (la que mas se aproxima es la Nikon R10), gracias a dos características del sistema Single-8: 1)el presor en cámara, metálico, que presiona firmemente la película contra la ventanilla, en lugar de estar "flotando" como en Súper-8; y 2)arrastre de la película después de la ventanilla, y no antes como en los cartuchos de Súper-8 (en posición -3 a -2); la ZC1000, por añadidura, lleva un garfio doble, después de ventanilla, que arrastra desde los fotogramas +2 y +3 a +3 y +4. Otro garfio adicional, encima de la ventanilla, tira de la película marcha atrás cuando se necesita filmar en reversa sin variar la línea de encuadre.

DIAFRAGMA DE IRIS CIRCULAR Y CON CONTROL MANUAL. Descartada queda la Leicina Special con el iris de aspecto rectangular de su objetivo 6-66mm. El sistema mas cómodo, para manipular con guantes, es el que tiene la ZC1000: no hay automatismos que desconectar ni que se estropeen pues el ajuste de la exposición es siempre manual.

FILMACIÓN MARCHA ATRÁS EN TODA LA LONGITUD DE LA PELÍCULA Y SIN VARIACIÓN DE LA ALTURA DE LA LÍNEA DE ENCUADRE. Sólo la ZC1000 cumple con este requisito, descrito líneas arriba. Muchos de los efectos que se consiguen con esta técnica se pueden replicar en posproducción, pero uno prefiere llevarlos a cabo, artesanalmente, durante la toma de vistas.


CONTADOR DE FOTOGRAMAS MECÁNICO, INCLUSO REGRESIVO. Otra ventaja exclusiva da la ZC1000. La Beaulieu 7008 Pro y la 9008 cuenta también con un contador de fotogramas pero no es mecánico, sino electrónico, con un panel de LCD que no funciona a temperaturas extremadamente bajas.

OBJETIVO CON MACROENFOQUE EN CUALQUIER LONGITUD FOCAL. Solo la Fujica ZC1000 ofrece esta golosina técnica, seguida muy de cerca por la Nikon R10.



MÉTODO FIABLE DE CONTROL DE AVANCE O RETROCESO DE LA PELÍCULA. Uno de las defectos que mas nervioso me pone de las cámaras de Súper-8 es que, especialmente en filmaciones intervalométricas (timelapse), no es posible saber si el cartucho está avanzando correctamente. Ello no ocurre, sin embargo, con la ZC1000 pues, como todas las cámaras para cartuchos de Single8, un ventanuco tipo ojo de buey permite observar el giro de uno de los ejes del cartucho.

RALENTÍ. Solo podemos contar aquí con las Beaulieu y la ZC1000, siendo esta última mi favorita por la mayor estabilidad de la imagen filmada a 72 fotogramas por segundo, mérito no solo del presor en cámara sino también del recorrido directo de la película en el cartucho.

TRAYECTORIA DE LA LUZ DIRECTA DEL OBJETIVO A LA PELÍCULA, sin atravesar prismas ni cristales semitransparentes. Solo las Beaulieu y la ZC1000 ofrecen esta prestación gracias a su espejo de guillotina que deja pasar, alternativamente, la totalidad de la luz a la película o al visor. Esta tecnología, además de que permite disfrutar de una imagen brillantísima en el visor, produce un parpadeo que mesmeriza al camarógrafo, con una sensación cinemática suprema que le hace sentir que el cine fluye hacia su retina. Hay un problema con las Beaulieu: su espejo, es a la vez obturador, lo cual en ciertas ocasiones, produce algunos fallos de exposición. En cambio, la ZC1000, además del espejo oscilante, cuenta con un propio obturador variable circular, para exposiciones perfectas en situaciones difíciles. Además, es más rápido: en la ZC1000, en condiciones de poca luz, a 24 fotogramas por segundo, permite obturar a 1/54 frente a los 1/87 de la Beaulieu 4008.

POCA RUMOROSIDAD A 24 F.P.S
. Las mas silenciosas, en mi opinión, son la Beaulieu 9008 y la Canon 1014 XLS. Las demás tienen valores similares, excepto la Beaulieu 4008 y la Nikon R10 que son notoriamente mas ruidosas.

FACILIDAD PARA GRABACIÓN DE SONIDO EN SINCRONÍA. Todas permiten uno o varios sistemas de sincronización de sonido pero prefiero la Fujica ZC1000 que permite usar tanto el Cine Assist (sonido digital grabado con el móvil) como el FTS (en sincronía con un magnetófono Sony WM-D6C estereofónico)
El sonido sincronizado de ciertas tomas fue posible gracias al Cine Assist Ice, construido en Austria ex profeso para esta misión antártica por Bernhard Kipperer 

SUPREMPO REVESTIMENTO ANTI-REFLEJOS. El EBC de Fuji, acrónimo de Electronic Beam Coated, que se aplica electrónicamente y no se desprende ni se degrada con los años, no sólo es mi favorito desde niño, sino que, con las décadas, se ha convertido en uno de los mas codiciados de Hollywood.
El revestimiento T de Schott que se puede encontrar en la Leicina, la Nizo Professional y la Bauer A512 Mark II es muy bueno pero tiene un talón de Aquiles: un grupo trasero de lentes de estas ópticas Schneider, pegados con bálsamo de Canadá, a estas alturas de su vida presenta, en condiciones especiales de luz, en efecto halo: su limpieza no está al alcance mas que de experimentados expertos de óptica.


CONSUMO DE ENERGÍA BAJO. La cámara que requiere menor energía es la ZC1000: sólo cuatro pilas normales AA (excepto si se filma a 72 fotogramas por segundo). La cámara encendida pero sin funcionar sólo consume 10 mA (frente a los 40 mA de la Bauer, y aun mas otros modelos). El consumo, filmando a 24 f.p.s en la ZC1000 es de 360 mA.
El compartimento de las pilas va muy bien aislado, se sustituye por otro mas caliente en cuestión de segundos y, además, la cámara dispone de su propio compartimento de pilas exterior de cuero especial para bajas temperaturas.
Debo precisar un contratiempo: todo mi cargamento de pilas Panasonic Evolta, que funcionan muy bien bajo cero, fue confiscado por las autoridades de Nueva Zelanda sin decirme nada: ¡me enteré al abrir el equipaje, ya en el barco!, sin posibilidad no ya de comprar pilas de ese tipo, sino ni siquiera de buena marca; me vi obligado a emplear pilas chinas, las únicas disponibles en el barco, con las que me costó Dios y ayuda filmar los días mas fríos dado que a bajo cero se agotaban enseguida.
Con 4 pilas de litio la ZC1000N puede filmar un mínimo de cien cartuchos (lea la prueba científica PULSANDO AQUÍ).

FIABILIDAD A TODA PRUEBA. Todas las ZC1000 son joyas de ingeniería, con transmisiones completamente metálicas, ajustadas con precisión suiza. Si esto vale para las casi 8.000 unidades del modelo normal, en las cerca de 2.000 del modelo N, de New, no sólo la calidad mecánica es todavía mejor, sino que la electrónica fue cuidadosamente seleccionada con especificaciones de tipo militar, en que la fiabilidad se mide no en años, sino en décadas.

TRANSFORMABLE EN UNA MINICÁMARA. Ciertas de mis filmaciones serían en un minihelicóptero de sólo un rotor, con muy poco espacio. Las únicas cámaras que se pueden adaptar son: la ZC1000N con el objetivo Fujinon 5.5 mm y una empuñadura soviética en lugar de la normal o la Leicina Special con el excelente Cinegon de focal fija de 10 mm.



Y LA VENCEDORA FUE... la única cámara que se repite en absolutamente todas las categorías, es la Fujica ZC1000 (con la que filmé en su versión N). Además, tuve la suerte de que Shigeo Mizukawa, el diseñador de la una vez calificada por Ivan Watson, de Movie Maker,"la mejor cámara del cine jamás producida y, que a estas alturas, retendrá su honor para siempre", la nunca suficientemente ponderada ZC1000, su diseñador, decía, el ingeniero Mizukawa, fue siguiendo toda la aventura ¡cerca de sus cien años!, con consejos que me fueron muy valiosos incluso antes de la expedición, como la protección térmica del motor, la sustitución de ciertos condensadores y la renovación de la grasa del grupo óptico (esto último, no lo llegué a hacer y bien que me arrepentí: a -35º Celsius, al intentar mover el anillo de enfoque, iba tan duro, ¡que giraba el propio objetivo en la montura C!. También me aconsejó Shigeo proteger la cámara con una funda de cuero (a ser posible, con aislante), similar al compartimento exterior de baterías: encargué uno al curtidor ¡pero no llegó a tiempo!, así que tuve que filmar sin la menor protección. La cámara, aguantó, ¡y aquí sigue, con 50 años, y miles de kilómetros de película en su haber, lista para el siguiente proyecto.


RESUMEN. ZC1000 (1974 - 2024) 50 AÑOS DE VICTORIAS.
La Fujica ZC1000N, presentada en 1974 (¡hace medio siglo!), emerge como la auténtica campeona al conquistar cada categoría con solidez. Desde su ergonomía superior, su fiabilidad a toda prueba y la capacidad de filmar marcha atrás sin variaciones, hasta un ralentí impresionante y un método infalible de verificación del avance de la película, esta cámara se erige como la elección definitiva para un documental fílmico en condiciones tan extremas y sin posibilidades para intervenciones "quirúrgicas".

UNA LOCURA PERFECTA Y ABSOLUTAMENTE ARTESANAL

Una operación impensable y casi imposible. Así podría resumirse el rodaje de "Perfecta Locura Antártica". No es hipérbole: es la realidad de haber filmado esta película con un ZC1000N, una cámara que, en estos tiempos digitales, no sólo parece venir de otra época… sino de otro planeta.

¿Por qué? Porque esta cámara utiliza película en cartuchos de Single-8, un formato que Fujifilm dejó de fabricar en 2013. Ese año fue, para los que aún creemos en la alquimia de la luz y la química, un auténtico apocalipsis.

El Single-8 exige película de poliéster para poder cargar 15 metros en su delgado cartucho. Pero ya no existe esa opción. Lo que queda es el triacetato de celulosa, un soporte más frágil, más grueso, menos flexible y con menor vida útil. El resultado: solo caben entre 10 y 12 metros. Es decir, apenas 90 segundos de rodaje por cartucho a 24 fps., ¡lo que obliga a cambiar de cartucho más rápido que a Chris Nolan rodando en IMAX de 70 mm con 15 perforaciones!

Pero si algo define esta el largometraje "Perfecta Locura Antártica" es la resistencia. El no rendirse. El compromiso absoluto con una forma de hacer cine que ya casi nadie recuerda, pero que sigue latiendo en el corazón de los que aún creemos que lo físico tiene alma.

Inspirado por el lema del gran Dr. Edwin Land —el genio de la Polaroid—:

“No hagas nada que alguien más pueda hacer. No emprendas un proyecto a menos que sea manifiestamente importante y casi imposible”,

me lancé a resucitar el Single-8 y desarrollé un sistema para traspasar película de cartuchos Kodak de Súper-8 a cartuchos de Single-8. Sí, lo sé: suena loco. Pero así se filmó "Perfecta Locura Antártica". Cargando película en cuarto oscuro. Con las manos, con paciencia, con obsesión. Es lo mas cercano que hay a fabricarla. 

Pero no se queda ahí. Yo también revelo la película. Y la monto físicamente, cortando, empalmando, respirando el triacetato. Con la inestimable ayuda de Álex, mi joven cómplice en esta locura, hemos hecho algo que, hoy por hoy, no existe en ningún otro rincón del mundo: una obra cinematográfica completamente artesanal, desde la emulsión hasta el último fotograma proyectado.


  • Información detallada del proyecto "Perfecta Locura Antártica" en el siguiente vínculo: MEMORIA ILUSTRADA
  • Si desea ver el inmenso mundo de posibilidades creativas con  productos Súper-8, por favor, pulse aquí: Pro 8mm