domingo, 8 de marzo de 2020

EN EL DÍA DE LA MUJER: UN PROYECTOR DE SÚPER-8 DISEÑADO Y FABRICADO POR MUJERES

Cuando todo se daba por perdido, cuando ya no había esperanza, la última fábrica de proyectores de cine europea en grandes series, Silma, en ese entonces perteneciente a Robert Bosch, lanzó en 1982 sus dos aparatos de la gama Blue Memory, diseñados por Giullia Moselli y, como apunta Luigi Petrin, ¡fabricado también por mujeres! en la fábrica de Turín.
Los Silma Blue Memory (75 y 90, con pequeñas diferencias, como el objetivo y el amplificador) fueron el último gran esfuerzo italiano para un mercado declinante, con una máquina sumamente electrónica tan hermosa como complicada (¡sus cabezales magnéticos entran en funcionamiento con un servomotor!).


Es tan bonito, el Silma Blue Memory, que un 90 se encuentra permanentemente en servicio en una mesa de la sala de montaje HAL9000 de IB Cinema y, además, una vez al año, procuro encender el 75 del almacén.    
Aunque carece de rodillo dentado de admisión, de forma que es el garfio el que tira de la película, en rollos pequeños la imagen en proyección, amén de luminosa, es muy estable en rollos de hasta 180 metros de película, por la precisión milimétrica de su mecanismo de tracción que hizo que hasta la propia Canon comprase en Silma sus proyectores de cine, limitándose a estampar su nombre. 

SILMA: UN POCO DE HISTORIA.
Cuando Robert Bosch le compró a Rocco Canelli, en 1970,  la histórica firma turinesa famosa por sus proyectores sonoros desde los tiempos del 8 mm normal (que fabricaba incluso para otras marcas acreditadas, como Canon, Bell & Howell,  Fumeo o, entre otros,  Bolex), la venta de aparatos era un mercado en ascenso.
Con la entrada de Bosch, ciertos modelos de Bauer pasaron a fabricarse en Turín e, incluso aquellos modelos de la serie Studio, montados en Sttugart, contenían elementos completos manufacturados en Italia.
En aquella época la cuota de mercado de Silma en Italia era alucinante: ¡el 70 por ciento de los proyectores vendidos!
Con la llegada de Bosch, la producción se incrementa y el número de empleados en la fábrica pasa de 640 a 1.000 en poco tiempo, ¡subiendo a 1.400 en 1974!, año en el que llegaron a colocar 250.000 proyectores.

1975: EL SÚPER-8 TOCA TECHO.
Como ya hemos publicado varias veces en esta bitácora, el mercado del Súper-8 alcanza su punto álgido en 1975. Las ventas se mantienen estables hasta 1978 y, a partir de ahí, comienzan a declinar. En sólo dos años, Silma se ve forzada a reducir la plantilla de 1.188 trabajadores a 601.
En 1981, cuando Kodak cesa la publicidad de sus películas de Súper-8, Robert Bosch vende Silma a Interbasic, una sociedad de capital riesgo con sede en Luxemburgo, sin relación con el mundo del cine.
Desgraciadamente, con el vídeo ya entrando a todos los niveles, las ventas descienden drásticamente cada año. Silma resiste hasta 1986, con sólo 40 empleados, hasta que se ve forzada a declararse en bancarrota.


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